Imago lacus

The picture above was taken by a dear friend, the American poet Debra Kang Dean (please do not use it without permission). I met Debra three years before, when I went to Walden to work with his late husband Brad, a great Thoreau scholar. Once we spent hours tracking this quotation: "Some men go fishing all their lives without ever realizing it's not fish they are after." We concluded that Thoreau never wrote it, but si non è vero...

Saturday, July 1, 2017

Los aperos y las vidas a la intemperie

Por una bondad del autor, que yo no merezco, esta primavera me llegó a casa el último libro de Miguel d’Ors, Manzanas robadas (Renacimiento).

Ya me tenía ganado sólo con ese título --con resonancias desde San Agustín a Joyce pasando, claro, por Thoreau--, pero un fin de curso más salvaje de lo habitual me ha tenido inhabilitado para la poesía y la correspondencia hasta prácticamente ahora, que comienzo a vislumbrar luz al final del túnel académico.

Pero no sólo eso. Le tengo mucho respeto a este libro porque me he leído todo d’Ors, a quien considero uno de los grandes de verdad, y este libro, que no es muy extenso, me parece el más perfecto y logrado de los suyos. No sé por dónde empezar.

En estos casos lo mejor es esperar y seguir leyendo. Y esta semana ha venido en mi ayuda un insospechado compañero de cama (o más bien de mesilla de noche): las Vidas a la intemperie de Marc Badal, unas modestas notas sobre el campesinado que no me cansaré de recomendar.

Explican mejor de lo que yo podria hacer la verdad y la melancolía que encierra este poema, "Los aperos", que copio aquí tal como apareció en la revista Fábula (a Thoreau, cuyo cumpleaños celebraremos pronto en Madrid, lo del “canto erguido de los gallos” le hubiera llegado al alma).


El mundo del campesino ha desaparecido. Ha dejado paso al mundo del que proceden los turistas.

Hemos cambiado un mundo sin paisajes por unos paisajes sin mundo. (155)


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Convivir de forma tan natural con la incertidumbre llevaba de forma casi inevitable a la humildad. Dominaban a la perfección un sinnúmero de técnicas y oficios. Conocían su territorio al detalle, habían acumulado siglos de experiencia en un mismo lugar. Pero, a pesar de todo, nunca se atrevían a pronosticar qué sucedería esta vez. (165)


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Aunque consideraran el trabajo como un valor supremo siempre se preocuparon por hacerlo lo más eficaz posible. No eran gentes aburridas que trabajaban para matar el tiempo.

Por lo tanto, lo hacían con sumo cuidado. Romper una herramienta implicaba un trabajo suplementario. Comprarla de nuevo, mucho más. Por eso el mejor amigo de los primeros agricultores modernos era el alambre. Con este hacían toda clase de remiendos a sus máquinas. Conservaban todavía el gusto campesino por arreglarlo todo. (188-9)

Marc Badal
Vidas a la intemperie. Notas preliminares sobre el campesinado (Campo adentro, 2014)