Imago lacus

The picture above was taken by a dear friend, the American poet Debra Kang Dean (please do not use it without permission). I met Debra three years before, when I went to Walden to work with his late husband Brad, a great Thoreau scholar. Once we spent hours tracking this quotation: "Some men go fishing all their lives without ever realizing it's not fish they are after." We concluded that Thoreau never wrote it, but si non è vero...

Friday, May 26, 2017

Walden en Bilbao

Una casa en Walden habla bastante de libros y de los actos sociales que suscitan en su entorno, así que la presentación de ayer en la Librería Cámara tenía algo de autorreferencial. Se acercaron algunos buenos amigos y prácticamente no quedó silla sin su ocupante.

Para conectar con la audiencia y darle el debido protagonismo al tío Henry, que era el que nos había reunido allí, comencé con una cita. El 5 de diciembre de 1856 Thoreau escribió en su diario que nunca se había recuperado de la sorpresa de haber nacido en “el lugar más estimable del mundo, y además en su mejor momento”. Concord, el pueblecito donde nació Thoreau, es un bonito lugar y a mediados del siglo XIX vivió un momento culturalmente notable, pero lo importante en la anotación no me parece eso, sino el asombro de Thoreau, esa sensación de sorpresa que a uno le hace descubrir, estimar y aprovechar lo que tiene enfrente y más a mano. Eso es lo perdurable y no Concord como lugar en el espacio y el tiempo.

En ese sentido, ayer no quise hablar de Concord hace 200 años, sino de Bilbao ahora mismo, pues tal vez lo verdaderamente thoreauviano sería redescubrir este como “el lugar más estimable del mundo, y además en su mejor momento” y leer aquí una Escritura o una Mitología para nuestro tiempo. Algo semejante, creo, a lo que se propuso Ramiro Pinilla en su trilogía Verdes valles, colinas rojas. Ramiro Pinilla, que se construyó en Getxo una casa a la que llamó Walden, y a quien me hubiera gustado saludar en persona.

Ese descubrir lo que tenemos cerca como el lugar más estimable en su momento más oportuno es una de las líneas de fuerza de Una casa en Walden. Otra de ellas es la resistencia a la división del trabajo, uno de los grandes temas del Walden original.  Thoreau advirtió del riesgo de que la sobreespecialización, tanto general o laboral como científica, condujera a una fragmentación de la experiencia humana y por consiguiente a cierta inhumanización de la vida. Esa es también una de las hipótesis que exploro en el libro, así como la posibilidad de una alianza de saberes para alcanzar esa resiliencia social que nos permitiría reconstruir o al menos no dar el mundo por perdido caso de llegar a una catástrofe, hipótesis esta en la que también está trabajando Marina Garcés, la otra filósofa con la que dialogo en este libro.

Ayer también se presentó en Barcelona el libro sobre Thoreau de Toni Montesinos, que en cierto sentido es complementario del mío. Yo me centro más en el fracaso (el mío, y tal vez el de todos que supone la crisis ecológica) y Toni en el triunfo (de HDT y sus principios), pero comparten un fondo de lecturas y viajes en común. No es el único libro de y sobre Thoreau que se ha publicado este año y hoy leo en La Vanguardia del lunes (22/5/2017) un reportaje sobre ese “Retorno a Walden” entre las novedades editoriales. Es una pieza excelente, y creo encontrar en ella el eco de unas palabras de Marina Garcés sobre la condición póstuma en una conferencia que impartió hace poco en la March. Dice el reportaje que dice Thoreau que “Vamos hacia los funerales de la humanidad como si fuera un fenómeno natural”, y en verdad así lo parece, pero me queda la duda sobre la traducción. La cita procede de Life Without Principle y dice en el original “You come from attending the funeral of mankind to attend to a natural phenomenon.” No exactamente tan fatalista como la traducción española, ¿no? Ahí lo dejo para quien quiera interpretarlo.

Volviendo a los viajes, Thoreau llegó a pasar cerca de Bilbao, al menos en su imaginación. Para probarlo, vayamos a un año muy especial, 1849, el año en que Thoreau publicó su ensayo sobre la desobediencia civil como revisión de una conferencia en la que explicó su encarcelamiento como protesta contra la esclavitud y la guerra con México. Ese año su hermana Helen murió de tuberculosis y Henry publicó su primer libro, Una semana en los ríos Concord y Merrimack. También impartió conferencias en algunos pueblos cercanos; en Worcester invitado por H. G. O. Blake, un amigo reciente a quien luego escribiría algunas de sus cartas más interesantes. Y, a esto voy, caminó por Cape Cod con su otro amigo, Ellery Channing.

En lo que luego se convertiría en Cape Cod, el primer libro de viajes dedicado a esa península de Nueva Inglaterra, Thoreau escribió que el 13 de octubre “nos dirigimos a pasar otro día en la playa, caminando a lo largo de la orilla del mar resonante, decididos a que se nos meta dentro. Queríamos relacionarnos con el océano hasta que este perdiera ese aspecto lacustre con el que se aparece al campesino”. Tras este chiste a su cuenta, el campesino de Walden hace un salto imaginativo para visualizar --más de siglo y medio antes de Google Earth-- lo que se encuentra al otro lado del océano, lanzándose a una ensoñación en la que vuela hacia el Este, se topa con Galicia y Portugal, y describe cómo tras llegar a Finisterre gira de nuevo hacia el Noreste hasta llegar al Golfo de Bizkaia.

Y entonces Thoreau incluye un par de versos de una canción que menciona el Golfo de Bizkaia, que en una zona ballenera como esa no era un lugar desconocido. (A mí esa manía de meter poemas en mitad de la prosa me descoloca pero debo confesar que en este libro me he dejado llevar por ella varias veces.) Así que, después de todo, Thoreau llegó cerca de Bilbao en el siglo XIX, y en el XX también lo hizo de la mano de uno de sus primeros traductores al castellano, Justo Gárate, que en 1936 fue profesor de patología en la recién creada Euzko Irakastola Nagusia, el germen de la actual Universidad del País Vasco.

Hace poco The Guardian incluyó Walden en su lista de los mejores 100 libros de no ficción de todos los tiempos. Walden sigue siendo rabiosamente contemporáneo, pero ¿por qué? Como digo al final del primer capítulo, Thoreau experimentó la irrupción del telégrafo, que fue el correo electrónico del siglo XIX. O el ferrocarril, que provocó una globalización a pequeña escala dentro de la economía norteamericana. O la industrialización del norte y el esclavismo del sur, las migraciones, el crecimiento de las tecnociencias...  todos esos elementos tienen que ver con nuestra vida, forman parte del paisaje contemporáneo. Pero no sólo eso. Thoreau es un filósofo de la relación, es muy consciente de que todo eso está interconectado. Sospecha que el crecimiento de las tecnociencias tiene su precio en vida y en vidas, que el esclavismo del sur es una consecuencia de la industrialización del norte, que el peso de lo humano sobre el planeta cada vez es mayor.

Thoreau refleja nuestros deseos y contradicciones, y ese juego de reflejos es la clave de Una casa en Walden. Como el libro está compuesto por siete ensayos muy diversos, ayer leí un fragmento de los seis primeros, sobre mi fracaso como traductor amateur, sobre la ciencia y la atención, sobre Thoreau como filósofo y la posibilidad de una alianza de saberes, sobre su sobriedad sin sermones y sobre la poesía como arte de la resiliencia.

No leí nada del último capítulo, para no aburrir al respetable y por ser aparentemente el menos thoreauviano de los siete. Hasta podría parecer que está de más. Pero es la puesta en práctica del anterior y también ejemplifica la idea central del libro: buscar Walden aquí y ahora. ¿Cómo? Hay mil maneras y en este capítulo sólo cuento la mía, de nuevo mediante el recurso a un diario, no ya de días o eventos, sino de lecturas de poemas originalmente escritos en euskera. ¿Qué tiene eso que ver con Walden?

En mi libro utilizo Walden, el libro y el lugar, para proyectar un reflejo sobre nuestra condición contemporánea. Una condición que Marina Garcés denomina póstuma, amenazada por el “acabamiento del mundo natural, el agotamiento de la sociedad o la obsolescencia de lo humano” (digo yo en la p. 59), una situación esquizofrénica o escindida en la que se ha desconectado el saber y la emancipación, la cultura y la autoprotección.

Ante esa amenaza, el libro quisiera contribuir a esa alianza de saberes propuesta por Garcés, y que está promovida por una confianza fundamental: aún podemos acceder a lo básico, aún podemos traducir los clásicos de la humanidad, pero no para exportarlos a otros, no mediante un “universalismo expansivo” (Garcés, en la mencionada conferencia) en el que nosotros vamos a emancipar a los otros, sino mediante un localismo recíproco en el que sólo nos emancipamos con otros y por lo tanto, de seguir, “nosotros seguiremos siendo otros” (para decirlo con el poema de la p. 37). Este localismo recíproco es también universal, pero en él ya no hay una idea de lo humano igual para todos; lo que hay es el banquete y el combate de la poesía y la filosofía, un lugar desde donde podemos compartir las experiencias fundamentales de la vida a partir de cualquier lengua, cualquier cuerpo, cualquier casa, siempre que en ese lugar se practique la atención plena, la lectura lenta o la escucha atenta.

Así, mediante una docena de poemas, elaboro algunas experiencias que a mí me parecen fundamentales --los “essential facts of life” de Walden-- conjugando verbos como ser (o sea, ser otro), disfrutar, reconocer(se), comenzar, experimentar, fracasar, recordar, irse, volver, y terminar. Otra persona haría otra lista, otra antología, y así debe ser, porque esa tarea de adquirir, elaborar y transmitir el fondo común de experiencia humana es tan personal e intransferible como la tarea de construir, habitar o abandonar una casa en Walden.

Foto: Txemari Ortiz de Luna 


1 comment:

  1. Tu libro también es un refugio. Hecho de sencillos y confortables renglones. Gracias

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