Imago lacus

The picture above was taken by a dear friend, the American poet Debra Kang Dean (please do not use it without permission). I met Debra three years before, when I went to Walden to work with his late husband Brad, a great Thoreau scholar. Once we spent hours tracking this quotation: "Some men go fishing all their lives without ever realizing it's not fish they are after." We concluded that Thoreau never wrote it, but si non è vero...

Tuesday, November 15, 2016

Thoreau como filósofo impuro

Vamos a hacer algunas sesiones de comentario colectivo del libro de Marina Garcés, que tan bien argumenta que la filosofía no es útil ni inútil, sino que es simplemente necesaria. Es necesaria para la vida concreta de cada cual y para la colectiva de las sociedades, pero la filosofía no puede ya pretender construir sistemas únicos ni salvar el mundo. Lo que necesitamos es vislumbrar un mundo común, cuidar los ecosistemas sociales y personales que propician el pensamiento y así salvar la posibilidad de una experiencia capaz de mantener vivas las cuestiones relevantes de nuestro tiempo. ¿Cómo? Generando un sentido para lo que hacemos, conquistando una nueva confianza, crítica y tentativa, en nuestra capacidad para relacionarnos con lo que ignoramos, y aceptando como filosóficas prácticas de expresión, encuentro y creación que no cabrían en las aulas del sistema universitario.

Dicho sea de paso, Thoreau también representa dos características de dos fenómenos visibles en la filosofía hoy, tal como los describe Garcés: la dispersión y precarización del conocimiento.

Dice Garcés que la actual condición, cada vez más precaria, de quienes se dedican a la filosofía “promete un giro en el que pensar desde la necesidad y desde la alianza con otros saberes e intereses que tradicionalmente habían quedado fuera, por innobles, del cerco filosófico.” (101) Ciertamente, el trabajo de filosofar hoy “se dispersa en una multiplicidad de intervenciones, de formatos y de registros difíciles de organizar bajo el concepto clásico de ‘obra’. Más que un producto con límites claros, la obra se convierte en un obrar que atraviesa territorios muy diversos. Así, los límites entre la filosofía y la no-filosofía se rozan por fuerza. La filosofía pura se contamina. Bajo riesgo de convertirse en prologuista o comentarista de cualquier tipo de actividad social o cultural, se abre también la posibilidad de ir al encuentro de los problemas comunes que verdaderamente necesitan ser pensados.” (100)

Eso ya lo hizo Thoreau mediante sus artículos y libros (sin género, o en ese territorio libre entre el ensayo y la literatura confesional o de viajes), pero también mediante la correspondencia epistolar, las conversaciones a la vera del camino, la recogida de datos y especímenes naturales, el activismo antiesclavista, la enseñanza formal e informal... Thoreau traspasó cercados y fronteras disciplinares por necesidad, pero también por convicción.

Sunday, November 13, 2016

Desesperación

Esta semana nos ha dado muchos motivos para abandonarse a la desesperación, pero como siempre Walden proporciona algo de ánimo y esperanza; Thoreau no es de los que se complace en las malas noticas. De hecho, uno de sus temas centrales es la negativa a rendirse o a desesperarse, el recordatorio de que siempre es posible encontrar algo nuevo si nos sentamos en silencio un rato en nuestro cuarto. Escribe Jorge Riechmann:

“Una sociedad sostenible, si tal cosa llega a existir, será también una sociedad donde --al contrario de lo que sucede en la insostenible sociedad consumista de hoy-- la gente sepa aburrirse, soportar la frustración, aceptar la tragedia y hacer frente a la muerte.”

Riechmann (2009: 2) evoca el conocido pasaje de los Pensamientos de Pascal, donde el filósofo y matemático declaró que “toda la desdicha humana proviene de una sola cosa, que es no saber permanecer en reposo, dentro de una habitación”.

La casa en Walden es una habitación de Pascal. Saber permanecer en ella es el primer trabajo, lo demás vendrá después. Pues, como dice Thoreau, “la opinión pública es un débil tirano comparada con nuestra propia opinión. Lo que pensemos de nosotros mismos, eso es lo que determina, o más bien indica, nuestro destino. Autoemancipación también en las Américas de la fantasía y la imaginación”.

Public opinion is a weak tyrant compared with our own private opinion. What a man thinks of himself, that it is which determines, or rather indicates, his fate. Self-emancipation even in the West Indian provinces of the fancy and imagination … (Walden)

Por cierto, aprovecho para enmendar así la traducción de Cátedra, que no parece advertir que las “West Indian provinces” del original son nuestras Américas, las Nuevas Indias. Nadie usa “provincias indias occidentales”. (Y traducen como “tranquila desesperación” el quiet desperation, que más bien debería ser “silenciosa desesperación”. ¿Cómo va a ser tranquila la desesperación? La tranquilidad es precisamente el antídoto que necesitamos para ese veneno.)


Riechmann, Jorge 
(2009) La habitación de Pascal. Madrid: Libros de la catarata.






Saturday, November 5, 2016

La filosofía como confianza (y Thoreau como filósofo)

Aunque hoy Thoreau tiene su entrada en la Stanford Encyclopedia of Philosophy, eso no quiere decir que América sepa aún qué hacer con él. De hecho, la entrada concluye por un lado lamentando que su obra se haya mantenido aparte del canon, y por el otro constatando que esta interesa cada vez más a la comunidad filosófica. En cierto sentido, ese apartamiento es lógico: Thoreau nunca fue ni pretendió ser un filósofo académico. Sí lo fue Emerson, su maestro y mentor, al menos hasta que dejó de dar clases en Harvard para convertirse en algo que hoy llamaríamos un intelectual. Thoreau lo intentó al menos una vez, pero pronto abandonó la idea de ganarse la vida únicamente de sus libros y conferencias, como hacía Emerson.

Lo que sí fue Thoreau fue un escritor. De hecho, de la lista de profesiones que entregó a Harvard (“maestro de escuela, tutor privado, agrimensor, jardinero, granjero, pintor de brocha gorda, carpintero, albañil, jornalero, fabricante de lápices y papel de lija, escritor y poetastro ocasional”), sin lugar a dudas la de escritor fue a la que dedicó más tiempo y en la que más se implicó personalmente. Ahora bien, aunque Thoreau no fuera un profesor de filosofía, como aspiración sí fue un verdadero filósofo. Sólo que para él la filosofía no es una doctrina, sino una actividad. Thoreau no tuvo ninguna necesidad de generar teoría, de producir un sistema de pensamiento más o menos coherente o sistemático. No hay una teoría Thoreau.

¿Y en qué consiste esa actividad? Thoreau lo explica en un conocido pasaje de Walden que traduzco: “Hoy día hay profesores de filosofía, pero no filósofos. Sin embargo, es admirable profesarla porque una vez fue admirable vivirla. Ser un filósofo no es sólo tener pensamientos sutiles, ni siquiera fundar una escuela, sino amar la sabiduría hasta el punto de vivir según sus dictados: una vida de sencillez, independencia, magnanimidad y confianza. Es resolver ciertos problemas de la vida, no sólo en la teoría, sino en la práctica.”

There are nowadays professors of philosophy, but not philosophers. Yet it is admirable to profess because it was once admirable to live. To be a philosopher is not merely to have subtle thoughts, nor even to found a school, but so to love wisdom as to live according to its dictates, a life of simplicity, independence, magnanimity, and trust. It is to solve some of the problems of life, not only theoretically, but practically.

Lo traduzco con el original debajo porque me parece que mis predecesores se han dejado algunos matices en las versiones anteriores. La publicada por Cátedra dice “amar la sabiduría y vivir de acuerdo con sus dictados una vida de sencillez, independencia, magnanimidad y confianza.” Pero no es amar y vivir, sino que en el original Thoreau establece una relación entre ambas: se vive según esos dictados porque se ama la sabiduría. Y la versión de Errata Naturae es aún más confusa: “amar la sabiduría tanto como la vida que está de acuerdo con sus dictados: una vida de simplicidad, independencia, magnanimidad y confianza.” Y tampoco es eso, porque Thoreau no dice que el filósofo ame tanto la sabiduría tanto como la vida.

Al margen de esos matices, me parece importante recordar que las cuatro virtudes de Thoreau --sencillez, independencia, magnanimidad y confianza-- están interconectadas, al menos tal como entiendo la filosofía.  “La filosofía es la confianza en que el pensamiento puede transformar la vida y hacerla mejor,” escribe Marina Garcés en Fuera de clase (Galaxia Gutenberg, 2016). Si esto es así, ahí están las  cuatro virtudes de Thoreau, porque ser filósofo o filósofa es confiar en el pensamiento, en la capacidad de pensar por y para sí mismo, y así hacer sencillo lo que es complicado, abordar empresas difíciles con grandeza de ánimo, y hacerlo con otras personas: porque esa confianza de la que habla Thoreau requiere, como escribió en su diario (31/1/1852) “tener una fe infinita en el otro; y si no la tenemos no dejar nunca que se sepa”. (“We must have infinite faith in each other, if we have not we must never let it leak out that we have not.”)

Como he dicho en otro lugar, la sencillez de Thoreau no consiste meramente en reducir el número de tus asuntos. Es más bien una forma de contemplación o meditación, un hacer no-haciendo, como cuando relata en Walden que se sentaba en el umbral de su casa a tomar el sol y “crecía como crece el maíz por la noche”.

Thursday, November 3, 2016

Otras 5 hipótesis para unas humanidades en transición

El otro día resumía una conferencia de Marina Garcés sobre las humanidades en transición mediante 5 hipótesis. Hoy hago lo propio con Jorge Riechmann, otro de los filósofos que está tratando de proporcionar una respuesta a los desafíos de nuestro tiempo mediante una alianza de saberes. Su libro Autoconstrucción nos proporciona cinco claves para una nueva cultura de la transición.

1. Superar la fase de negación. A finales del siglo XX, nos dice Riechmann, el movimiento ecologista sufrió una derrota sin paliativos: ha fracasado en su intento de cambiar el rumbo de las sociedades industriales y estas siguen creciendo descontroladamente aunque el mundo esté lleno y hayamos entrado, como dice, en el Siglo de la Gran Prueba. En él, una combinación de efectos del cambio climático, el hambre, las enfermedades infecciosas, las grandes migraciones y otros fracasos de la política, junto a la escasez de recursos naturales y la destrucción de diversidad biológica, nos pueden colocar en un escenario real de colapso social a gran escala.
¿Podemos evitarlo? Técnicamente es posible, políticamente casi todo indica que no: Riechmann es consciente de que la “contracción de emergencia” necesaria para detener el cambio climático no es asumible por ningún gobierno al uso, porque las reglas del juego político sólo atienden al corto plazo de una sociedad infantilizada por un circo mediático que el ecologismo tiene culturalmente perdido. El actual conflicto en Siria también tiene causas ambientales y esta sería sólo la primera de una lista de posibles guerras climáticas con sus consiguientes movimientos de refugiados. Puede que, adaptándose, la humanidad sobreviva a cualquier catástrofe, pero el colapso traerá millones de víctimas que podrían haberse evitado.
¿Perder toda esperanza? No, porque todavía podemos atenuar el sufrimiento, razonando y actuando más en términos de resiliencia que de sostenibilidad en pos de lo que Riechmann llama la Estrategia Dual: intentar maniobrar con alguna habilidad este Titanic que inexorablemente va a hundirse; pero no con la expectativa de evitar el naufragio, sino solo de crear mejores condiciones para el salvamento del pasaje. El primer paso, pues, es ser realistas y afrontar la pérdida, valorar y contener los daños, salvar lo que aún se puede salvar autoconstruyendo formas de cooperación que puedan reducir el coste humano del colapso.

2. Impulsar culturalmente una transición hacia sociedades más resilientes. Los humanos somos naturalmente culturales: nuestro mundo está construido o al menos mediado por la cultura, entendida como ideas, creencias, normas y valores transmitidas por aprendizaje social, y sólo incidiendo en ella podemos transformarlo. Como la crisis es humana y social, para superarla es necesario comprender los sistemas éticos y utilizar esa comprensión para reformarlos. Esa sería la tarea cabal de las humanidades y las ciencias sociales, desde la literatura a la antropología y la filosofía, porque nunca hay vacío moral ni crisis de valores. A juicio de Riechmann, lo que ocurre es que los valores rampantes en las sociedades industriales son falsos y peligrosos: lo que nos ha llevado hasta aquí es precisamente la creencia de que el desarrollo de la tecnociencia, impulsada por el mercado libre, producirá un crecimiento ilimitado de la economía mediante la innovación constante, y que esto redundará de alguna forma en una vida mejor para los seres humanos. Sin poner en cuestión esa historia fundacional, de nada sirve invocar retóricamente los valores de la ética ecológica. Es posible modelar nuestro carácter de acuerdo con designios conscientes, pero para ello no basta con el esfuerzo individual; son los grupos humanos quienes, actuando sobre su cultura, orientan la sociedad hacia nuevos valores (en el caso español, Riechmann recuerda los precedentes del krauso-institucionismo burgués y el naturismo obrero de signo anarquista). Ese trabajo consta de procesos complejos que caminan de forma paralela a procesos de socialización que llevan décadas y en él no hay atajos.

3. Reinterpretar el individualismo y la igualdad. El moderno proceso de individuación proporciona mayores cotas de libertad, pero también puede desembocar en patologías sociales en las que se elimina la autonomía, individual y colectiva, convertidas ambas en la mera elección entre ofertas de consumo. El triunfo cultural del capitalismo estriba, según Riechmann, en conseguir hacer creer que la libertad es la libertad de consumo, en vez de la libertad política de los ciudadanos y ciudadanas capaces de autogobernarse. Somos libres, se nos dice, porque podemos acumular ilimitadamente bienes materiales y experiencias placenteras, pero ese mito fomenta la dominación y no hay posibilidad de sostenibilidad para la enorme población humana actual sin una estrategia de reducción de las desigualdades sociales. Frente a esa idea de la libertad liberticida, Riechmann propone otro mito: el de una igualibertad cooperativa, entendida como una construcción de autonomía personal y colectiva que no reniegue de la dependencia ni cierre los ojos ante los límites del mundo concreto, social y natural, en el que vivimos. Este programa no está reñido con el hedonismo o la lucidez --Riechmann se esfuerza en librarse de las etiquetas de buenismo o neopuritanismo--, sólo con el sadismo de quien compra su placer a costa del sufrimiento de otros.

4. Transformar identidades mediante una ética crítica. ¿Qué perspectivas de futuro abren esas claves? Riechmann es consciente de que los seres humanos no podemos dejar de autoconstruirnos mediante el lenguaje y la cultura; la cuestión es la clase de identidad que emerja del proceso. La economía neoliberal refleja una ética y una cultura que coloniza el mundo y la mente de millones de personas a día de hoy. Frente a ella, lo que Riechmann propone es una autoconstrucción crítica que casa bien con varias escuelas y corrientes en el pensamiento occidental desde sus orígenes. No tanto la filosofía como conjunto de sistemas teóricos, sino más bien como forma de vida, tal como la entendieron Marco Aurelio, Thoreau o Alain Badiou. Apelando a estos y otros pensadores, Riechmann traduce a términos laicos o aptos para legos la antigua noción de conversión o cambio de mentalidad (metanoia) y propone una cultura de la frugalidad no represiva. Su programa es sincrético y ecuménico, conservador e innovador a la vez: anclar la cultura en los valores de cuidado en colaboración con el feminismo; autolimitarnos para dejar existir al otro, en clave ecologista; recuperar o conservar las formas de socialidad erosionadas por la modernidad, en clave antropológica, especialmente aquellas que movilizan la palabra en público; promover la moral de larga distancia, conectando con las éticas de la compasión desarrolladas desde las religiones universalistas, así como con las éticas laicas de la solidaridad.
El programa de Riechmann conlleva una transformación profunda de las concepciones vigentes acerca del placer, la satisfacción, la felicidad o la vida buena. Esto no supone una vuelta a la religión sino que, renunciando al autoengaño, trata de mantenerse dentro de los límites de una espiritualidad trágica que también es patrimonio, por supuesto, de muchas religiones. Aunque implantarlo no sea fácil, es un programa sencillo o minimalista porque orienta toda la ética en torno a dos grandes valores: florecimiento de la vida y pacificación de la existencia. Pero también porque conlleva renunciar a la ilusión del control, ensalzar la humildad epistémica y confiar en el poder de adaptación y autoorganización de las culturas vernáculas vivas.

5. Para ser positivos y realistas, atender a la cultura contemporánea. Riechmann no es un filósofo apocalíptico o milenarista; plantea problemas ya conocidos pero desde un ángulo nuevo, prestando atención al Gran Motivador de la conducta humana: la cultura, un factor al que quizá el movimiento ecologista no haya prestado toda la atención que debiera. Pues no se trata sólo de percatarse del límite, sino también de transformarnos a partir de ese conocimiento. Aún no me queda claro cómo piensa Riechmann tomar lo mejor de las religiones (motivación personal, solidaridad comunitaria y compromiso intergeneracional más allá del cortoplacismo) sin llevarse también el sustrato metafísico, su búsqueda de la inmortalidad y su potencial para el sectarismo. Pero no olvidemos que Thoreau también se autoconstruyó su cabaña en Walden a partir de los residuos reciclados de otras construcciones. Otro punto el que disiento ligeramente con Riechmann es su aparente escepticismo hacia los usos emancipadores de las TIC. Si la cultura juvenil se alimenta de videojuegos, ¿no deberíamos incidir ahí ante todo? Las herramientas nos han acompañado siempre en el largo camino de la hominización; la cuestión es, como escribió Thoreau, no convertirnos en herramientas de nuestras herramientas, poner la tecnología al servicio de la resiliencia social.

Saturday, October 29, 2016

Walden universal

Decíamos ayer que la edición de Walden en Cátedra tiene sus problemillas. Toda traducción de Thoreau los tiene, y a menudo pagamos el precio de un arreglo con un nuevo problema. Hay una cita clave para entender todo ese asunto de la confianza, de la que hablábamos antesdeayer; en la versión de Cátedra se traduce el “he” de Thoreau, con su marca de género, por un “nosotros” más inclusivo, y eso me parece un acierto. En esos tiempos la esfera pública era casi exclusivamente masculina, y nadie cuestionaba el género epiceno, pero cuando Thoreau escribía se dirigía a la humanidad en general, a todos y todas. Su “he” era un “nosotros”, pero hoy día traducirlo por “él” no lo es, porque la esfera pública ha cambiado (todo sea dicho, a mejor).

Con todo, quiero versionar de nuevo todo ese hermoso pasaje, uno de las momentos cumbre del capítulo final de Walden, porque traducir “he will live with the license of a higher order of beings” por “viviríamos con el permiso de un orden más elevado de seres” me parece confuso y mejorable. Tal cual, transmite la impresión de que Thoreau implica la existencia de unos seres que habitan un orden más elevado que el nuestro y que nos licencian, autorizan o habilitan para vivir como ellos. Demasiado extraterrestre. Tal como yo lo leo, la licencia no está tanto en el orden superior sino en el sujeto imaginado por Thoreau, en el espíritu libre que --de nuevo estoy leyendo en clave nietzscheana-- consigue transformar sus valores y así conquista el derecho a vivir con la libertad propia de un orden superior de cosas. Algo así:

“Al menos, algo aprendí con mi experimento: que si avanzamos con confianza en la dirección de nuestros sueños, empeñándonos en vivir la vida que hemos imaginado, nos encontraremos con un éxito inesperado en tiempos comunes. Dejaríamos atrás algunas cosas, traspasaríamos una frontera invisible; leyes nuevas, universales y más liberales, empezarían a promulgarse alrededor y dentro nuestro, o se extenderían las antiguas, interpretándolas a nuestro favor de un modo más liberal, y viviríamos con la libertad propia de un orden superior de cosas. Conforme simplifiquemos nuestra vida, las leyes del universo parecerán menos complejas y la soledad ya no será soledad, ni pobreza la pobreza, ni debilidad la debilidad. Si has construido castillos en el aire, tu obra no tiene por qué perderse: están donde deben estar. Ahora hay que poner los cimientos debajo.”

I learned this, at least, by my experiment: that if one advances confidently in the direction of his dreams, and endeavors to live the life which he has imagined, he will meet with a success unexpected in common hours. He will put some things behind, will pass an invisible boundary; new, universal, and more liberal laws will begin to establish themselves around and within him; or the old laws be expanded, and interpreted in his favor in a more liberal sense, and he will live with the license of a higher order of beings. In proportion as he simplifies his life, the laws of the universe will appear less complex, and solitude will not be solitude, nor poverty poverty, nor weakness weakness. If you have built castles in the air, your work need not be lost; that is where they should be. Now put the foundations under them.

Thursday, October 27, 2016

Un guerrillero de la filosofía

Thoreau, no es preciso decirlo, es un pensador del XIX. En él se encuentra ya prefigurado mucho de lo que Nietzsche diría para clausurar ese siglo. Como dice Marina Garcés, los filósofos de la sospecha --Nietzsche, Freud, Marx-- nos enseñan a pensar de otra manera, a desplazar la mirada para preguntarnos por la razón de ser de las leyes, los valores o las narraciones que orientan nuestras vidas. “Aparece una nueva técnica de interpretación de la realidad para la cual la verdad no es la meta sino precisamente el dato o el síntoma que hay que interpretar.” (123)

Cuando en Walden habla del carácter volátil de nuestras verdades, Thoreau utiliza una imagen brillante. Al sol, el calor que emiten nuestros cuerpos no se ve a simple vista, pero puede percibirse si reparamos en nuestra sombra, como una sutil reverberación en el aire que nos rodea. Así ocurre al hacer filosofía, cuando nos situamos dentro de “la perspectiva del futuro o de lo posible”. Dice Thoreau en Walden que en esa tesitura ya no tenemos certezas, sino que “deberíamos vivir con bastante laxitud e indefinición, siendo nuestro contorno borroso y confuso por ese lado, como nuestras sombras revelan una transpiración imperceptible hacia el sol”. Por eso “la volátil verdad de nuestras palabras debería mostrar continuamente la inadecuación del resto del enunciado.” El resto del enunciado es todo aquello que pensábamos ser pero no somos, todo aquello que antes pasaba por verdad pero ahora ya no lo es.

Lo que nos queda es un residuo de verdad pasado por la ciencia, y esta en el siglo XIX nos bajó del pedestal. Con todo, en Thoreau persiste el deseo de profundidad, de alcanzar una verdad en contacto con la realidad. Sólo que para ello hay que abandonar toda las certezas anteriores, incluyendo las pretensiones de la religión establecida, toda la charla social y global, todo aquello que hasta entonces se hacía pasar por cultura. Por eso hace el siguiente llamamiento en Walden (cito por la edición de Cátedra, que tienes sus problemas pero por hoy nos vale):

Situémonos, trabajemos y afiancemos los pies en el barro y el cieno de la opinión, y el prejuicio, y la tradición, y el engaño, y la apariencia, ese aluvión que cubre el globo a través de París y Londres, de Nueva York, Boston y Concord, a través de la iglesia y el estado, a través de la filosofía, la poesía y la religión, hasta llegar a un fondo duro y rocoso, que podamos llamar realidad, y digamos: éste es, sin duda, y luego, con un point d’appui, bajo crecidas, escarcha y fuego, busquemos un lugar donde poder construir un muro o levantar una propiedad, o colocar con seguridad un farol, o tal vez un indicador, no un Nilómetro, sino un Realómetro, para que las épocas futuras conozcan la profundidad de la crecida de imposturas y apariencias de tiempo en tiempo. 

Como señala Garcés (sin referirse a Thoreau expresamente, pero todo el libro está situado bajo su admonición) con el siglo XIX aparece una “nueva profundidad”, no ya la que guarda las esencias o fundamentos de lo que vemos a simple vista (esa apariencia, esa certeza es lo que rechaza Thoreau) sino “la que esconde los conflictos, fuerzas, relaciones de poder, pulsiones y visiones del mundo en conflicto. Nuestras verdades son sus síntomas y, a la vez, sus herramientas de control. Por otro lado, este nuevo modo de interpretar el mundo pone en marcha un discurso que no pretende presentar una verdad transparente, adecuada y fundamentada. Si todo discurso es ya una interpretación de otras interpretaciones, sin origen ni término final, ¿qué objetivo puede tener entonces?” (ibid.)

Así las cosas, no es de extrañar que Thoreau no consiguiera del todo su Realómetro, a no ser que el texto mismo de Walden lo sea: un artefacto para medir la profundidad de una laguna cualquiera. Pero lo cierto es que Thoreau abandona la laguna y su casa, tal vez porque es ilusoria la esperanza de encontrar un lugar seguro “donde poder construir un muro o levantar una propiedad” al margen de los otros, aunque ese deseo de construirse un lugar así, una casa en Walden, haya perdurado en nosotros bajo diferentes formas de melancolía o nostalgia.

Si leemos entre líneas, Walden está lleno de esos momentos de lucidez en los que Thoreau reconoce que el suyo es un experimento que no puede funcionar sino es como un mero episodio, un experimento filosófico de dos años y pico deliberadamente dirigido a proporcionarnos una iluminación, no una certidumbre, mediante una racionalidad que no es ya fundamentadora sino “crítica, terapéutica y transformadora”, en palabras de Garcés: “Ya no se trata de adecuar nuestros conceptos a la forma del mundo, sino de entrar en guerra contra el presupuesto que sostiene que el mundo tenga que tener una determinada forma.” (ibid.) Esa es la guerra en la que Thoreau todavía puede dar más de una batalla. Un combate a la intemperie que Garcés describe como una “filosofía de guerrillas, contra el purismo y el aislacionismo disciplinar” (86).


Wednesday, October 26, 2016

Walden no se acaba nunca

Estoy leyendo un libro contra el fin del mundo, la Filosofía inacabada de Marina Garcés. Y me está estimulando como pocos, tal vez porque en él habla una voz nueva para mí en el panorama filosófico en español, pero que al mismo tiempo me es muy cercana por dos razones. Una es biográfica: comenzamos a estudiar filosofía en la misma época. La segunda es que me interesan todas sus fuentes, desde Nietzsche a Agamben pasando por lo mejor de la filosofía del s. XX, y todo precedido por una cita de Thoreau, la misma que él eligió para el pórtico de Walden. La traduzco aquí:

 No pretendo escribir una oda a la depresión, sino jactarme sobre mi percha como gallo por la mañana, aunque sólo despierte a mis vecinos.

No hay más referencias a Thoreau en el libro, pero mucho de lo que en él se dice se podría aplicar a su obra. ¿Qué es Walden, sino un intento de recrear e inacabar el mundo, aunque sólo fuera el pequeño mundo de Concord con sus calles, granjas, bosques y lagunas? Thoreau parte de una concepción terapéutica del pensamiento, como dice Garcés que dice Foucault de Nietzsche (“toda su vida fue una búsqueda del médico”, dijo un contemporáneo de Henry), pero también va más allá. Traduzco otro fragmento, esta vez del diario:

Cambia tu salvación por un vaso de agua: si tienes algún riesgo que correr, arriésgate. Si no tienes ninguno, disfruta de la confianza. No te preocupes por ser religioso, nadie te lo agradecerá. Si sabes clavar y tienes clavos, pues clávalos. Si tienes algún experimento que te gustaría emprender, hazlo, ahora es tu momento. No te sumerjas en las dudas si no te son gratas. Mándalas a la taberna. No comas si no tienes hambre, no te hace falta. No leas los periódicos. Aprovecha cada oportunidad para entregarte a la melancolía. Sé tan melancólico como puedas y anota el resultado: regocíjate en el destino. En cuanto a la salud, date por sano y dedícate a tus asuntos. ¿Quién sabe si no estás ya muerto? Que el miedo no te detenga: hay cosas más terribles a la vuelta de la esquina y siempre las habrá. La gente muere de miedo pero vive de confianza. (16 de julio de 1850)

Cuando Thoreau escribió eso Nietzsche aún gastaba pantalón corto; luego hablaría del amor fati, de ese abrazar el propio destino que Thoreau ya anuncia aquí. Más agua y menos religión (que también hace su buen uso del agua). Más melancolía y menos depresión, porque la situación actual del mundo es todo lo melancólica que puede ser, pero la depresión nos inmoviliza. Porque, ante todo, Thoreau practica lo que predica: una confianza que no descansa en ninguna instancia superior, en ninguna expectativa o promesa, ni menos aún en una pretensión de la superioridad de lo humano como fuente de sentido. En los albores del tiempo “del fin de las esperanzas de la humanidad en el desarrollo como base del progreso ético y político” (p. 119), Thoreau crea sentido no tanto en la soledad (ese mito) como en un poder hacer que es en común, como dice Garcés (p. 113), que no está restringido a lo humano y que persigue la unidad del conocimiento (la consilience de Wilson, otro lector de Thoreau) o al menos se atreve a traspasar (trespass) las cercas que dividen los diferentes campos disciplinarios en busca de una alianza de saberes.

Sunday, September 11, 2016

“Se necesita más poesía”

El gigantesco cartel lleva todo el verano en la fachada del Azkuna Zentroa, antigua alhóndiga de Bilbao, y allí permanecerá hasta que el 9 de octubre cierre la exposición dedicada a Jeremy Deller. Creo que no ha recibido la atención que merece, y me pregunto si al pasar alguien se pregunta si se necesita más poesía, y para qué. Y quien haya entrado en la alhóndiga buscando la razón del cartel tal vez haya salido sin respuesta. Pero quien se adentre con tiempo y sin prejuicios en la exposición verá que la trayectoria de este artista está llena de poesía en el sentido menos literario y más social del término.

Deller trabaja con palabras desde sus comienzos, en los que con una impresora y un PC hacía falsos anuncios que luego colocaba en los tablones de la universidad, o textos en camisetas, o reproducciones de pintadas en los servicios de la British Library, o pósters creados para el metro de Londres. Pero lo que hace con ellas es intervenir la vida social, relatarla y rescatarla huyendo de la autorreferencialidad del arte y su circuito cerrado de financiación pública, mercado privado y mediación (crítica) especializada.
Me encanta porque también documenta mi historia, la parte de ella que tiene que ver con la 80 y los 90, la reconversión sufrida por sociedades antes industriales y ahora más centradas en los servicios, el entretenimiento y el turismo. Es puro humor inglés, un humor lleno de la más negra melancolía. Es una investigación sobre Inglaterra, sobre todo el arte que se hace fuera del circuito. Es lo que haría William Morris si viviera en el siglo XXI. Es arte público y tiene una historia de amor y odio con los museos. Quiere librarse de la tiranía de hacer objetos, de la producción, de la obra. A cambio hace que sucedan cosas, cosas que no tienen la etiqueta de “arte” colgada, situaciones que a menudo escapan de su control.

Un ejemplo muy evidente está en “Beyond the White Walls”, un video de 2012 en el que Deller describe proyectos que por su carácter efímero o público no se pueden exponer. En uno de ellos cuenta como en los días posteriores a la muerte de Lady Di, irritado por la hipocresía de la prensa que días antes la había perseguido, y que en cierto sentido era responsable del accidente mortal, escribió un poema que colocó junto a las ofrendas florales en Kensington Palace.

Era un poema brutal y mordaz, y Deller pensó que acabarían linchándole allí mismo. Pero la gente se juntó para leer el poema, “porque estaba plastificado y era un poema fresco”, y salió indemne: había conseguido su objetivo, mostrando que --especialmente en momentos de catástrofe, pero no sólo en ellos-- la poesía cubre necesidades muy básicas de la gente: hacer cosas juntos, pero cosas que no son cosas, sino eventos. Hacer poesía pero no necesariamente en los libros.

Foto de la alhóndiga: @fredverbeke, las demás @eskuezkerraz.

Sunday, August 28, 2016

Trespassing

Tras la guerra civil norteamericana, la producción industrial de alambre de espino hizo posible parcelar todo el territorio de la Unión, y con el tiempo la jurisprudencia del Tribunal Supremo avaló la doctrina en la que allí donde hay un acuerdo compartido, las personas pueden pasar por una propiedad privada, pero no si hay un cartel que indique lo contrario. Colocando el cartel de No Trespassing, los propietarios tienen derecho a excluir de sus tierras a cualquier otra persona, y así quedan protegidos ante cualquier denuncia por daños sufridos por los paseantes. Por lo tanto, si alguien no tiene tierras (o amigos que las posean) o un parque nacional o sendero autorizado a mano, no hay manera legal de hacer una caminata larga.

El propio Thoreau no ocupó ilegalmente el terreno en el que construyó su célebre casita a orillas del lago Walden, y en la que vivió mientras escribía el primer borrador de Walden; fue su amigo Ralph Waldo Emerson quien le cedió el derecho a usarlo. Pero algunos de sus seguidores sí han tenido que infringir la ley para emular su experimento. Uno de ellos es un joven escritor, Ken Ilgunas, que ha obtenido cierta fama con su primer libro, Walden on Wheels (2013). En esta narración autobiográfica cuenta cómo se las arregló para vivir durante sus dos cursos de postgrado en la Universidad de Brown (2009-2011) en una furgoneta en el aparcamiento del campus. Tenía permiso para aparcar, pero no para pernoctar, así que inicialmente tuvo que pasar esos dos años intentando pasar desapercibido; no lo consiguió, pero lo importante es que sí logró su objetivo de graduarse sin endeudarse, consiguiendo además publicar su experiencia de «Walden sobre ruedas». Las alusiones al Walden original son patentes en todo el libro; traduzco aquí su último párrafo:

Sabía por fe y por experiencia que estaría bien si vivía de manera sencilla y con una carga ligera. Sabía que estaría bien si me considerase siempre un estudiante, ya fuera entre las paredes del aula o a pie en la universidad del aire libre. Y sobre todo sabía que estaría bien si escuchaba esa voz interior, tan a menudo silenciada, ese susurro silvestre que te dice cuando menos te lo esperas y más lo necesitas: «A por ello».

Ilgunas recientemente ha publicado otra experiencia en el que la conjunción caminar-desobedecer reaparece de manera más explícita. En su segundo libro, Trespassing across America (2016), Ilgunas relata una caminata de cuatro meses y medio desde Canadá hasta el Golfo de México, a través del centro de los EE.UU. y siguiendo la polémica construcción del oleoducto Keystone XL: un proyecto de duplicar y ampliar el oleoducto Keystone, ya existente, que había generado una encendida polémica entre posiciones proteccionistas y desarrollistas, y entre movimientos ecologistas y negacionistas con la cuestión de fondo del cambio climático.

Además de documentar su viaje en video y mediante su blog, Ilgunas emprende en este segundo libro una investigación sobre los dilemas éticos de las sociedades desarrolladas. Ilgunas se consideraba un ecologista pero también quería entender la situación mejor, y para ello se decidió a hablar con la gente que vive en las tierras por donde pasaría el oleoducto y entender su apoyo a la construcción de lo que a él le parecía una monstruosidad. Siguiendo los mismos principios de austeridad thoreauviana con los que experimentó en su primer libro, Ilgunas documentó su ruta de casi tres mil kilómetros siguiendo el proyecto del nuevo oleoducto. En su mayor parte, la ruta le obligaba a entrar en propiedad privada, con y sin permiso, por lo que los conflictos con vacas, perros, cazadores, propietarios y policías fueron frecuentes, pero también las oportunidades de recibir solidaridad y ayuda. La caminata se hizo en invierno de 2013, cuando el oleoducto todavía estaba en construcción y era objeto de un encarnizado debate social, político y jurídico. Poco antes de ser publicado el libro, en noviembre de 2015, el presidente Obama rechazó el proyecto tras más de seis años de discusión.

Tuesday, August 23, 2016

México salvaje


Caminando por Ciudad de México (CDMX, antes México DF) gracias a mi colega Jorge Linares he podido admirar algunos de los magníficos murales de la escuela de Rivera, Siqueiros y otros, pero también pude advertir que el arte urbano continua hoy esa tradición en esta gran ciudad. Así que en una librería de la colonia Roma compré un manual de “guerrilla artística”, una introducción al espíritu y las técnicas del arte publico independiente (street art, arte urbano) y al abrirlo en casa me encontré con una cita del mismísimo Thoreau:
It is something to be able to paint a particular picture, or to carve a statue, and so to make a few objects beautiful; but it is far more glorious to carve and paint the very atmosphere and medium through which we look, which morally we can do. To affect the quality of the day, that is the highest of arts. 
En la versión guerrillera se elimina la apostilla que declara que influir en la calidad del día es “cosa que moralmente podemos hacer”, pero el texto de Walden sigue siendo perfectamente aplicable al arte urbano:
 
Ya es algo poder pintar un cuadro particular, esculpir una estatua o, en fin, hacer bellos algunos objetos; sin embargo, es mucho más glorioso esculpir o pintar la atmósfera, el medio a través del cual nos miramos. Influir en la calidad del día: esa es la más elevada de las artes. 
Sorprende comprobar la vigencia de un texto publicado en 1854 y su relevancia para la cultura contemporánea. Ese pasaje tan central de Walden está precedido por una invitación a “volver a despertar” y “mantenernos despiertos” por una esperanza en la capacidad humana de mejorar nuestras vidas. En otro pasaje, Thoreau relata cómo se comunicaba con las personas que venían de visita pero no lo encontraban en casa: escribiendo pequeños y efímeros graffiti en las hojas caídas. Era muy consciente de la expectación causada en su entorno por su experimento en Walden, que podría considerarse una forma de performance pública; una vez más, prescindiendo de las obras de arte al uso, Thoreau nos invita a reactivar la conexión entre ética y estética, y a reapropiarnos del paisaje, ese «medio a través del cual nos miramos».


También del paisaje urbano, pues aunque la abrumadora densidad semiótica de una ciudad --especialmente si tiene las dimensiones de CDMX-- nos invite a desconectar, a mirar sin ver, el street art implica cocreación, porque se infiltra en la vida cotidiana de quien lo ve. Así, el arte público independiente se convierte en un despertador, un artefacto que nos vuelve conscientes del entorno y  alimenta la conexión con él mediante la sorpresa generada por la obra. A esa extrañeza radical Thoreau lo llamaba «lo salvaje» (the wild).


Smith, Keri. (2016) Guerrilla Art Kit, Ciudad de México, Paidós.
Imágenes: @StreetArtDF

Saturday, May 28, 2016

Cine familiar

De la editorial Litera conocíamos este otro libro, que nos ayuda en la selección del único ritual que respetamos en casa: la película de los viernes noche. Y ahora nos trae el emocionante relato real de la enfermedad y recuperación de Simone, que con pocos meses de edad sufre una infección grave y un síndrome que durante más de un año la tiene entre la vida y la muerte.

Conocí a la autora, Nuria, cuando ella estaba haciendo la tesis; ella es antropóloga y me interesa uno de sus temas, el de la construcción cultural del paisaje. Hablábamos en el laboratorio y ahora también por Facebook. No sé cómo --supongo que escribir la tesis mientras cuidaba de Ulises, el hermano mayor de Simone, fue un buen entrenamiento-- pero Nuria se las arregló para llevar un cuaderno de campo en el que documentar día a día el proceso de la enfermedad y curación de su hija, doloroso y luminoso a partes iguales. Sólo por eso ya me parece valioso que tengamos cerca a profesionales de la antropología, además de buenos profesionales sanitarios, que son los protagonistas en la sombra de este libro.

Porque tienes un hijo, una hija, y nunca estás preparado (preparada). Descubres lo que es el miedo, la necesidad de gestionar día a día la incertidumbre, y que a veces el optimismo no basta --y sin ciencia, desde luego, mucho menos--, pero uno sale de estas páginas con la sensación de que sin el optimismo de Nuria-Simone (que no excluye la flexibilidad: ya se encarga la hija de ir cancelando las ideas fijas de su madre, como se muestra con el foulard azul) no hubieran salido adelante.

Por supuesto, hace falta cuidado, que depende de redes y estructuras comunitarias que van desde el cónyuge hasta el servicio público de salud, y hace falta buena suerte, que a veces también depende del cuidado. Pero también sensatez, cariño y un coro virtual de amigas que te recuerden historias como esta. Pelis de terror que, por una vez, terminan bien. Pelis de terror que son pelis de amor.


Friday, May 13, 2016

Bilbao


Con su tristeza de herrumbre
en otoño esta ciudad se viste de llovizna
y es su techo un bosque de nubes
donde la luna muere por si acaso.
Cada noche los mendigos guardan las bolsas
que codician para sus nidos las gaviotas
y con la luz azulada de las cocinas proletarias
se abren los ojos de la gran muralla.
Desde el viejo puente
la vendedora de periódicos mira al río

como a un diccionario de voces ignoradas;
conductores de bus que hablan del boxeador muerto,
trenes que se dirían apátridas
pierden la memoria ante la fatalidad de los raíles,
nostalgia de la pertinaz música callejera
y un poco más allá los borrachos,
el amarillo chillón de los barrenderos,

otro puente y prostitutas.


Bernardo Atxaga 
Etiopia (2. arg.: Erein, 1983)

Sunday, May 1, 2016

Un poema de Antonio Varo Baena

¿Por qué hablas de la muerte
si el rutilante vino
procaz y directo
alcanza la memoria
y acrecienta el olvido?

Antonio Varo Baena
Augurio (Andrómina, 2015)

Sunday, April 3, 2016

Un haiku (o dos) al vuelo

Lo mejor de dar un libro al mundo es lo mucho que te devuelven quienes lo leen; esos son sus verdaderos royalties. Es lo que nos está pasando con el Volar de Thoreau, y aquí os traigo la última anécdota como prueba. Desde Logroño, vía su blog, Francisco Gestal nos advirtió de que había un haiku escondido en este apunte:


Ciertamente, lo tiene casi todo para serlo: las 17 sílabas en su presentación habitual (5-7-5) y la nota estacional [kigo] que pone el azulejo, que es ave de primavera. Para ser ortodoxo sólo le falta el “corte” [kireji], ese término que suele separar dos ideas o imágenes inesperadas. Pero algo de esa yuxtaposición existe entre el azul del azulejo y el azul del cielo, micro y macro haciéndose uno en ese ave única que vio y anotó Thoreau en un mes como este.

Se lo comentamos a Eduardo Jordá, el traductor, quien nos aclaró que no había sido deliberado (pero la sorpresa tampoco fue tanta, pues le gusta mucho el género, así que la casualidad estaba en cierta forma predeterminada). Pero lo mejor es que no es el único haiku detectado por Francisco. También está este otro:


El haiku del camachuelo no es tan ortodoxo, empezando con su distribución en 5-5-7, y también porque no tiene kireji. Podría ser un senryu o haiku no-estacional, a menudo humorístico; pero se acerca el haiku tradicional por mantener cierta yuxtaposición o contraste, esta vez entre el camachuelo y Emerson, que legalmente fue el dueño de los árboles y, es de suponer, de aquello que cobijasen. Cuando J. I. Foronda y yo preparamos la edición, seleccioné el pasaje porque ese sencillo y escueto “Purple finch sings on R. W. E.'s trees” es por un lado completamente factual y objetivo, pero al mismo tiempo no deja de transmitir cierta ironía muy típica del tío Henry: ¿de quién son los árboles, de Emerson o de Thoreau? Emerson los poseyó en propiedad, pero Thoreau los disfrutó en usufructo, y conservó para siempre el canto sin dueño del camachuelo que los habitó un día de abril. Esos árboles son ya para siempre suyos, es decir, nuestros.


Aprovecho para invitaros a las últimas presentaciones en la gira norte de Volar, que tendremos el sábado 9 a mediodía en la librería-kulturlab Garoa (Zabaleta 34, Donostia) y a las 16:00 en el museo Ur mara (Alkiza). Allí seguiremos descubriendo cosas que no sabíamos de este libro y de sus protagonistas.







Friday, March 25, 2016

En Walden

Como decíamos ayer, el pasado sábado Thoreau regresó a Walden, la librería-café de Pamplona, y nosotros al entrar nos quedamos embobados con el acierto y la artesanía que ha empleado Daniel Rosino para construirla, como unas horas antes admiramos la cooperación que ha hecho posible Katakrak. Y no sé cómo, pero se llenó con gente que vino a conversar sobre las aves de Thoreau.


Para ser tan autosuficientes como el tío Henry nos trajimos una pequeña pantalla, y en ella proyectamos algunos pájaros junto con fotos y detalles del mapa de Concord que está incluido en el libro. La idea era hacer un poco de psicogeografía, leyendo en los textos de Thoreau su relación con el paisaje de Concord a lo largo de los 25 años que pasó escribiendo en su diario. Pero también hablamos de lo que no aparece en los mapas: del viento, que es el protagonista invisible de la primera, tan idealista, y la última observación del libro, tan realista, cuando Thoreau describe su trayectoria tal como quedó marcada en las paredes arenosas de la vía férrea tras una tormenta otoñal.


Tras la tertulia nos quedamos con Daniel recogiendo y le pedí alguna recomendación local. Me enseñó el primer libro de un poeta navarro que no conocía, Santiago Elso Torralba, que además está dedicado a un tema muy querido: ut pictura poiesis. Me lo llevé junto con las Variaciones sobre el vaso de agua de Eloy Sánchez Robayna, y hoy copio un soneto pajarero (aquí en una versión anterior). Es muy de alabar el salto performativo entre el cuarteto y el primer terceto, “breve / instante”:


En 1869
--¿no la oyes?-- Monet pintó La Urraca.
Advierte que el autor no la destaca;
le sirve de contraste de una nieve

tan pura y noble que, esa sí, conmueve.
El ave, a la que siempre se le achaca
que dé con sus graznidos la matraca,
en esa valla se detiene un breve

instante; y en tan tosco pentagrama
ufana da la nota, pues declama
su lamento vestida de etiqueta.

Grazna, pero sin público delante.
Y un rasgo más conserva de poeta:
que roba todo lo que ve brillante.


Santiago Elso Torralba
Descripción de cuadros para Guillermo (Eunate, 2012)
Fotos: pepitas de calabaza ed.




Tuesday, March 22, 2016

Birding in Iruñea

El pasado sábado tuvimos sesión continua en Pamplona, presentando las aves de Thoreau en Katakrak por la mañana y en Walden por la tarde. Volar es un libro que pide aire, y se lo estamos dando con muchas ganas; es un privilegio aprovechar la ocasión para conocer a la gente pajarera de aquí y allá.


Pongo aquí las seis aves a las que aludimos en la presentación de Katakrak; todas corresponden a pasajes memorables del libro. Gracias a Hedoi Etxarte, tenemos la presentación grabada en audio. Pongo al pie un fragmento de lo que leímos.


Lo que llamamos salvajismo no es más que una civilización distinta de la nuestra. El busardo evita encontrarse con el granjero, pero en cambio busca el acogedor refugio amistoso del pino. Y del mismo modo que nunca se dignará arrastrarse por un corral, siempre le gustará planear sobre las nubes. (16 de febrero de 1859)


El canto de estos pájaros era tan continuado que al final solo te dabas cuenta cuando dejaban de cantar. (10 de julio de 1858)


Oigo cantar alegremente a un zorzal robín desde una rama del bosque, bajo la lluvia, en un paisaje que ahora se ha vuelto desolado y agreste. Su canto forma un contraste extraordinario que resarce de la tormenta. Es como si la naturaleza dijera: «Tened fe, yo sé hacer estas dos cosas». (21 de abril de 1852)


Cuando vuela entre el follaje verde parece que fuera a incendiar las hojas. [...] me siento transportado, ya que este no es el bosque por donde suelo caminar cada día. El pájaro logró que Concord se hundiera en el recuerdo. (20-23 de mayo de 1853)


Oigo el chillido del añapero y el canto de un chotacabras. [...] Al volver a casa a través de las tierras de Hayden huelo el humo que arde en el prado. Me gusta ese olor. Es el humo de mi pipa. Me estoy fumando la tierra. (14 de agosto de 1854)


Los lugareños han salido al exterior, y todos los que tienen que trabajar en el campo están contentos. Voy por Sleepy Hollow hacia Great Fields. Me apoyo en una valla y escucho el aire, que parece líquido con los gorjeos de los azulejos.  (15 de marzo de 1852)

Y aquí una foto de otros dos pájaros a las orillas de Walden (la librería), cortesía de Víctor de Pepitas. Pero esa merece entrada aparte.


Saturday, February 27, 2016

Avenirse con el invierno

Sigo trabajando en Walden. A este paso, calculo, terminaré antes de 2054, a tiempo para el segundo centenario. Mi última vacilación ha sido con buffet the winter through, que unos traducen por "abofetear al invierno"; francamente, no termino de imaginar a Thoreau escribiendo eso. Es verdad que buffet y "abofetear" comparten origen, pero el uso de Thoreau no es literal sino figurativo. El caso es que no sabía cómo verterlo hasta que he encontrado un texto de 1854 en el que se usa el verbo como sinónimo de "abrirse paso", "superar obstáculos", etc. Thoreau se imagina resistiendo al invierno, aviniéndose con él.


Podría vivir allí, me dije, y viví allí, durante una hora, la vida estival y la invernal; vi cómo podía dejar correr los años, abrirme paso por el invierno y ver venir la primavera. Los futuros habitantes de esta región, dondequiera que hagan sus casas, pueden estar seguros de que se les han anticipado. Bastaba una tarde para dividir la tierra que daría frutos, leña y hierba, y para decidir qué ejemplar de roble o pino dejaría crecer ante la puerta y desde dónde apreciar mejor el árbol caído; pero luego lo dejé ahí, pues somos ricos en proporción al número de cosas que podemos permitirnos dejar en paz.

Media docena de aforismos

Tomados de la genial compilación de Enrique García-Máiquez, Palomas y serpientes. Podría poner muchos más pero estos son los que mejor recuerdo un mes después de leerlos por primera vez.

Lo contrario de un aforismo es tener sueño.

*

Se reconoce a los grandes porque siguen creciendo.

*

Cuando uno se arrepiente de haber sido bueno, fue tonto, no bueno.

*

Le temo al pasado. Ataca por la espalda.

*

La lentitud de las ceremonias ya es un sacrificio.

*

Escritor original no es el que no imita, sino al que imitan.

Monday, February 22, 2016

Dos poemas de Rafael Pérez Foncea


CRISIS DE IDENTIDAD

Yo que me desbarato y ardo entre los papeles
buscando la cadencia, la relación, el nombre,
un ejemplar cualquiera de nuestra especie, un hombre
que piensa, duerme y sufre su trama de babeles.

Yo que me subo en lentos autobuses y trenes
plagados de congéneres que habitualmente ignoro,
yo que escribo poemas, que dilapido el oro,
yo que ensalivo tanto cuando ando entre sartenes.

Yo que soy en fin todo lo que tengo en el mundo
esta noche de invierno y muchas otras noches
de insomnio como esta, pobladas de fantoches

y de electrodomésticos de zumbido iracundo
resulta que no existo, soy moléculas, cosas
que funcionan sin mí, no “yo”, como las rosas.

(publicado en Mangolele, 2008)


POÉTICA

Era también, si no principalmente,
mantener la mirada curiosa de un chiquillo,
la ilusión de accionar un picaporte
hasta el que casi, casi no llegaba.
Y era el sonido mágico
que hacían las palabras en su oído
(a veces repetía una hasta que perdía
todo significado).
Era hablar con el mundo como nunca
le era posible hablar con las personas.
Hablar con una voz, un ritmo y un discurso
más libre, más cabal, más meditado.
Su forma de saber lo que decía...

(de Los ojos grandes, 2014)

Sunday, February 21, 2016

Mangolele

Hablábamos ayer de la hospitalidad del Bretón, en la que incluyo el hecho de ser el único café que, además de azucarillos literarios, tiene un retablo o Hall of Fame con las publicaciones que han ido creciendo a su sombra. Un templo --poniéndome tópico-- en el que además del café no falta el vino, así que no me ha sorprendido ver la profusión de poemas sobre ese tema en las páginas de la sin par revista Mangolele. Pongo aquí dos que me han gustado especialmente, de un poeta chileno y otro riojano.


Garrincha falleció alcoholizado entero

lo mismo que Vinicius de Moraes y Tellier.

Algo tendrá el alcohol si a hombres de tanto ser

en la vida y la muerte los contuvo en su alero.



Raymond Carver en cambio abandonó el beber

lo cual decía ser su orgullo más sincero

hablando como se habla, con temblor no somero,

de amante que dejar o rival que romper.



Yo si bien chico bebo como los grandes, pero

ya del beber o no ninguna cosa espero.

No hay dónde ganar, tan sólo en qué perder



si en lo uno y lo otro me siento prisionero.

Al igual que en huir y en ir a mi mujer:

mi amante, mi rival, mi alcohol verdadero.


Adán Mendez (de Fragmentos completos)


Te han surgido, me dicen las malas lenguas,
Unas riojitis purulentas en tal parte,
Que cursan sin dolor y mortifican
Tu fama, Antonio, de monje abstemio.

Perdonarás, sin embargo, que no acepte
Esta noche tu invitación:
Me estoy quitando del olímpico deporte
De levantar el codo, mas acéptame
Esta noche un epigrama más:

“Se equivocó, Claudio, se equivocaba
Quien te puso al frente
Del asunto del vino catalán.
Y si después de tus palabras
Contra el vino de Rioja, no te destituye
Será porque le gustas Aguado”.

Javier Pérez Escohotado (de El vigor tigre de la caballa)

En la próxima pondré un par de Rafael Pérez Foncea, otro descubrimiento de ayer.

Saturday, February 20, 2016

Algo parecido a una boda

Yo de pájaros, la verdad, no sé gran cosa. En la universidad me dedico a la ética, no a la etología; me interesan más los humanos que las aves. Pero he advertido que los humanos a quienes interesan las aves son peculiares, tienen algunas características interesantes para la ética. No quiero decir que sean mejores personas, pero sí suelen ser atentas y muy observadoras. Thoreau es un buen ejemplo. Mi amigo José Ignacio Foronda, otro. Cuando leí sus Días bajo el cielo pensé: kontxo, pero si aquí al lado hay un tipo que está haciendo lo mismo que Thoreau: describir la vida del pueblo como no pueden hacerlo sus habitantes, un poco desde fuera, relatando lo que ve en sus caminatas como si fuera un explorador o un extraterrestre, con esa extrañeza que sólo un poeta sabe transmitir.

Escribí una reseña del libro y, como suele ocurrir, el autor se manifestó. Una cosa llevo a la otra, han pasado cuatro años y ya tenemos otro en la calle: Volar, la edición de las aves de Thoreau que hemos perpetrado José Ignacio y yo para Pepitas de calabaza. Parece que fue ayer cuando nos dijimos: “este libro lo sacamos en 2013”. Diría que la espera ha merecido la pena, si no fuera porque no hemos tenido que esperar nada --el libro ha dado más trabajo de lo esperado, lo acabamos de terminar-- y tampoco hemos tenido penalidad alguna en el camino. Sólo muchos pájaros, de todo tipo. En Volar hay mucho cielo y muchos azulejos, y aunque no están todos los que son, los que están son memorables. No se nos quedó fuera el fragmento en el que Thoreau dice que este pájaro primaveral lleva el cielo a sus espaldas, pero tampoco faltan pasajes otoñales, estivales, invernales y documentales (de la BBC).

No pongo más fotos para no dar envidia, pero lo de hoy en Logroño no ha sido una presentación, ha sido algo semejante a una boda. En duración pero también en emoción y colorido: el Bretón se llenó con familia, amistades y perfectos desconocidos; oficiaba Colo, el padrino era el tío Henry, que prometió venir pero se entretuvo por el camino, también faltó Julián (los peligros de la paternidad), pero Víctor trajo los libros y las arras, y recordamos el pasaje de El señor de los anillos que describe la Tierra Sin Pájaros; Eduardo Jordá estuvo presente en su traducción, en el palmarés del premio Café Bretón & Bodegas Olarra y en las cálidas palabras que le dedicó José Ignacio, la Thoreau Society en el logo de mi camisa, Thoreau en sus pájaros. Leímos seis del libro, intercalando explicaciones diversas e ilustraciones de Audubon. El público aplaudió al final intuyendo que era el final --no había regidor que indicase a la gente cuando aplaudir--, y ese climax nos confirmó que la selección es de antología. Solo fallamos en una cosa: se nos pasó dar la palabra al público, tan ansiosos estábamos por no alargarnos demasiado.

Vino gente estupenda, incluido un profe de arquitectura (a quien no pude contarle lo de la casa de Gropius en los alrededores de Walden) y un niño que no ha cumplido aún el mes de vida; se llama Leonardo y le deseamos muchos pájaros buenos (zori-onak en euskera, dicen) de parte de todos los que hemos tenido parte en este libro. El arte ya lo puso Thoreau. Salvo Leonardo, que asistió tumbado y fue el único que se quedó dormido, el público se sentó alrededor de unas mesas en las que los amigos de la Calabaza colocaron abundancia de canapés y botellas de crianza. Eso yo no lo había visto en ninguna presentación, y he estado en unas cuantas (pero nunca antes en La Rioja, es cierto). En previsión de la noche de bodas, los novios no probaron el vino, pero nunca regreso de Logroño con las manos vacías. Traigo regalos de boda: más libros de Pepitas y un fanzine local que no conocía, Mangolele, “la revista semianual de análisis del percal”.

Mañana pongo aquí algunos poemas de Mangolele, vienen como anillo al dedo.


Wednesday, February 17, 2016

Ravel

Me ha gustado mucho Ravel, de Jean Echenoz, facilitado por mi amigo José Antonio, aunque ya había disfrutado bastante con el primero de la trilogía, el dedicado a Zatopek, que leí en euskera en versión de Gerardo Markuleta. Ya sólo me falta Tesla. Esta versión de Javier Albiñana me ha dejado la misma sensación, lo que confirma la bondad de ambas traducciones.

Es un retrato encantador, de esos que parecen fáciles de hacer, pero no lo son, y que al lector le deja la impresión de conocer al tipo. En mi caso puede que me afecte la cercanía por sus visitas a S. Juan de Luz, o ese gusto tan vasco por la carne muy poco hecha. También me coincidió la lectura con la de otro viaje en crucero, el de David Foster Wallace, y el contraste es revelador: los viajeros postmodernos persiguen hoy en esos barcos la clase de lujo que sólo en tiempos de Ravel, los del modernismo, pudo haberse disfrutado con cierta inocencia.

Pero afortunadamente hay razones más impersonales. Merece la pena detenerse en cómo relata Echenoz las circunstancias de creación del Bolero, tan casuales, dando a entender que los mecanismos por los que se canoniza una obra son inescrutables y desde luego no están en mano del autor, ni tampoco en los del biógrafo. (Algo semejante ocurre en la historia sobre Zatopek, en la que se repite ese pánico moral, la sensación de incertidumbre o inseguridad radical ante lo que uno pueda merecer del destino.) Y no me ha dejado de acompañar también la sensación de que estas narraciones son el ejemplo perfecto del programa estético que Italo Calvino esbozó en sus "seis propuestas para el próximo milenio": Liviandad, Rapidez, Exactitud, Visibilidad y Multiplicidad (Consistencia, la sexta conferencia encargada por Harvard, no llegó a ser escrita).


Wednesday, February 3, 2016

Cuando los poemas son preguntas: entrevista a Jorge Riechmann

[Hace poco menos de 10 años, Jorge Riechmann publicó Biomímesis y le invitamos a participar en el Seminario Abierto de Filosofía, esa institución de mi Facultad. Jon Benito, que también pasó por sus aulas, lo entrevistó en la cafetería de una manera bien original: tras una breve introducción, sometió al autor a fragmentos de sus propios poemas y anotó las respuestas, que luego aparecieron traducidas al euskera en Berria. A petición de Jorge, he traducido sus respuestas; no me he atrevido con la traducción de los poemas que hizo Jon, aunque hubiera sido un ejercicio interesante comparar el original con mi retraducción. En cualquier caso, imaginar las preguntas-poema también lo es.]

Muchos lo conocimos entonces, cuando el grupo Piztiak de Ondarroa le puso música al poema “Verdades con pedigrí” (“Pedigridun egiak”, Argia eta itzala, Gaztelupeko Hotsak, 1998). 

--El grupo Sol Negro también le puso música a una letra mía. Y hace poco hice con un músico de Galicia unas composiciones para piano clásico contemporáneo. Ya veremos si también sale una ópera o una cantata.

Sin música, este jueves estuvo en Donostia - San Sebastián presentando un ensayo.

--He venido a la Facultad de Filosofía de la UPV/EHU en Donostia para participar en un seminario sobre un libro que he publicado recientemente. El libro se titula Biomímesis. Ensayos sobre la imitación de la naturaleza, ecosocialismo y autocontención. Siguiendo la línea que he mantenido hasta ahora, es un ensayo sobre temas ecosociales. Doy algunas ideas para entender las características de la crisis ecológica y para reformar y reconstruir las sociedades industriales. También estudio en el libro otros aspectos de la economía y la sociología ecológicas. Aunque sea un libro de ensayo, hay espacio en él para las cuestiones éticas y estéticas.

--[fragmento de poema]

--Se decía de Gerald Ford, que fue vicepresidente de los EEUU con Nixon, que no era capaz de caminar y masticar chicle al mismo tiempo. Pero la mayoría de las personas podemos hacerlo. Todos tenemos dimensiones diferentes. Para mí la poesía está antes de cualquier otra cosa, también en sentido cronológico. Comencé a escribir poemas con doce o trece años. El interés por la ecología también fue temprano, se me despertó con diecisiete o dieciocho años. Con todo, puedo decir que más o menos todo se organiza alrededor de la poesía.

--[fragmento de poema]

--En ese poema la disposición de los versos permite hacer diferentes lecturas. La poesía es el centro de mi vida. He organizado todo lo demás en derredor. Pero la poesía y la ciencia, o la poesía y todas las demás cosas de la vida, no están aparte o separadas. Me parece que la poesía puede trabajar cualquier tema. Juan Gelman dijo una vez que la poesía contemporánea habla sobre todo de sí misma, de la propia poesía. Pero no hay que olvidar que, además, también habla de todas las dimensiones humanas. Una de esas dimensiones, en estos tiempos conflictivos que vivimos, es la relación que tenemos con el entorno, la relación entre la gente y la naturaleza. Algunos poemas que he escrito tienen mucha relación con la ecología. Para el año que viene estamos preparando una antología de ecopoemas que recogerá los que sobre ese tema he escrito hasta ahora.

--[fragmento de poema]

--Además del seminario de hoy [jueves], el sábado estaré en Bilbao en unas jornadas sobre democracia y participación. Allí me han pedido que lea algunos poemas. Leeré aquellos que describen, trabajan o muestran el conflicto entre la democracia y las estructuras capitalistas. La poesía no tiene unos temas limitados o definidos de antemano. La poesía puede hablar de cualquier cosa. Me parece bien, me parece necesario, que los poemas también hablen de los conflictos políticos y sociales que dividen a la sociedad.

--[fragmento de poema]

--Un libro que he publicado hace poco tiene por título Resistencia de materiales: Ensayos sobre el mundo y la poesía y el mundo. La idea de la resistencia siempre está ahí. Desde que leí la Estética de la resistencia de Peter Weiss la resistencia es una consigna. Sin una conducta de oposición o resistencia, hoy día es imposible vivir en coherencia con algunos valores de respeto y dignidad. Pero aunque esa actitud de resistencia está ahí, hay un riesgo de instrumentalizar la poesía, de ponerla al servicio de ese fin.

--[fragmento de poema]

--La poesía muestra la presencia del mundo, la multiplicidad, la pluralidad, la riqueza inagotable del mundo. La poesía tiene una gran fuerza de revelación, capacidad para examinar, para interiorizar y bucear en la realidad. Y puede perder esa fuerza o habilidad para la investigación si la limitamos a la mera propaganda o difusión de una ideología. Pero no hay que olvidar que el poeta también es ciudadano o ciudadana, que es gente, y que tiene las mismas obligaciones que los demás.

--[fragmento de poema]

--La atención me parece imprescindible para la poesía, para la actividad del poeta. No estaría mal si esa importancia de la atención se extendiera del poeta a la sociedad. La poesía tal vez pueda ayudar en esa difusión. Pero el sentido de la vida es vivir. La vida no tiene sentido más allá de la vida. Y la poesía es una actividad que se recoge en objetos hechos de palabras que llamamos poemas. Está cerca de la vida, del corazón de la vida. Puede ayudarnos a vivir en ese estar cerca de la vida, en esa cercanía, actualidad e interés. Nos puede ayudar en esa búsqueda del camino.

--[fragmento de poema]

--Riechmann. En la raíz de mi apellido está el verbo riechen, que quiere decir olfatear, husmear o rastrear. 

--[fragmento de poema]

--Esa frase es para mí una declaración de principios. Hoy día, la tentación de los artistas y poetas es crear duplicados de la realidad, realidades bis. Tienen mucha fuerza esas realidades virtuales, todas esas realidades paralelas, en las cuales a menudo nos perdemos muy fácilmente. Me interesa la resistencia ante esas actitudes, enfrentarme a ellas. Es necesario.

--[fragmento de poema]

--Los poetas no son ciudadanas o ciudadanos diferentes. Estoy en contra de la idea de poner al poeta sobre un pedestal.

--[fragmento de poema]

--Si creemos en los fines de la democracia y la sostenibilidad ecológica, no se puede admitir la pasividad; el concepto de ciudadanía nos pide una actitud activa y exigente. En una de sus boutades, Oscar Wilde dijo que uno de los mayores problemas del socialismo era que “costaba muchas tardes libres”. Cualquier actividad cívica cuesta tiempo, cuesta muchas tardes libres. En la medida en que es ciudadano, esto también le afecta al poeta en un primer momento. En un segundo momento, no puede renunciar a llevar esa actividad  a la poesía, puesto que como poeta también lo trata de manera personal. Otra cosa es que para tematizar el problema, tome la decisión de poner su obra y sus habilidades  al servicio de esa actividad. Maiakovski sería un ejemplo. A comienzos de la década de 1920 puso su talento poético al servicio de la propaganda comercial de la industria soviética. Los poetas también pueden hacer eso. Hay grandes ejemplos de la colaboración entre poetas y movimientos sociales emancipadores. Pero no deberíamos utilizar o manipular la poesía, no deberíamos pensar que es una herramienta para algo. Otra característica de la poesía es su incapacidad para funcionar como artimaña.  

--[fragmento de poema]

--En los libros publicados en los últimos años he intentado trabajar con poemas largos. Pero esos poemas largos están compuestos de pequeñas unidades. Son casi sentencias. Diría que son microgramas. Pronto se publicará Poesía desabrigada.  Ahí, sin abrigo, sin refugio, estoy más expuesto a las miradas y los ataques. Pero los poetas tenemos que aprender a nadar en profundidades distintas. Tenemos que saber nadar en la superficie, bucear a un metro de profundidad, y más profundo también.


Jorge Riechmann: “La idea de la resistencia siempre está ahí”
(Berria, 11 de junio de 2006) 
[Entrevista: Jon Benito. Traducción: ACdR]

Saturday, January 16, 2016

Desde el tren

DESDE EL AUTOBÚS (Autobusetik)

Gostava de estar no campo
para poder gostar de estar na cidade.
Gosto, sem isso, de estar na cidade
porém com isso o meu gosto seria dois.

Fernando Pessoa

Estos bosques oscuros son hermosos,
sierra azul y lejana,
también es bello el cielo encapotado
sobre los prados húmedos,
hermosos los cortos rayos del sol
reluciendo sobre techos rojizos,
hermoso el humo lento,
hermosos los árboles deshojados.

Bellos porque desde la ventanilla
del autobús los estoy contemplando.
Fantasioso, ya me imagino entre ellos:
elijo aquella casa,
esta aldea de piedra solitaria,
escojo ese riachuelo, aquel camino,
ese otro sendero que busca el bosque,
un breve recorrido, respirar,
hacerme uno con la naturaleza
y todas esas cosas.

Bellos al otro lado del cristal,
por estar justamente al otro lado,
las borrosas imágenes se mueven
mientras continúo perdido en sueños.

Oh, cuán hermosos los hendidos valles,
los verdes cultivos de sus laderas.
Hermosas ovejas, hermosas vacas
en su ataraxia absortas,
hermosas las ermitas en lo alto.

Este autobús, que desde una ciudad
hasta otra me lleva,
me ha ofrecido esta pausa,
este pasatiempo del intelecto,
este juego pessoano.
Pero no debe detenerse aquí,
continúa adelante,
y vuelve a aparecérseme la sombra de Lizardi.

Rikardo Arregi (Trad. de Angel Erro)
Debe decirse dos veces (Salto de Página, 2014)