Imago lacus

The picture above was taken by a dear friend, the American poet Debra Kang Dean (please do not use it without permission). I met Debra three years before, when I went to Walden to work with his late husband Brad, a great Thoreau scholar. Once we spent hours tracking this quotation: "Some men go fishing all their lives without ever realizing it's not fish they are after." We concluded that Thoreau never wrote it, but si non è vero...

Tuesday, December 29, 2015

Soberanía lingüística: poesía y emancipación (2)

Este fin de semana he visitado Ikimilikiliklik, la instalación audiovisual dedicada a recrear el universo de J. A. Artze en el San Telmo Museoa. Es gratis y muy recomendable. Al verla, o experimentarla, pensaba que los tiempos de activismo político suelen corresponderse con momentos en los que la poesía se socializa con una intensidad especial, que no es lo mismo que decir que la poesía se vuelva necesariamente “poesía social”. Las imágenes que proceden del Ikimilikiliklik bidekidekaria, el espectáculo que los hermanos Artze llevaron a las plazas vascas junto a Mikel Laboa entre 1974 y 1978, muestran recintos atestados de público. Y lo que se muestra en ellas es tan rompedor como, pongamos, lo que han hecho en 2015 por aqui Jule Goikoetxea, Danele Sarriugarte y Kattalin Miner con su perfomance Erractus, esta vez con el feminismo como leit motiv.

Estoy con Jose Luis Otamendi cuando dice, en una entrevista con Lander Garro en el último número de Hegats, que “parece que algo se avecina en relación con las lecturas de poesía. Ciertas actividades ante el público son síntomas muy interesantes.” Naturalmente, de los 70 a esta parte ha habido mucha poesía y mucho activismo. Habría muchos ejemplos, pero no quiero dejar de recordar EzinKomuniKazioA, una lectura sobre la cosa nostra que organizaron Iban Zaldua, Arantza Ozaeta, Ixiar Ortuondo y Gerardo Markuleta allá por el año 2000. Esto por lo que se refiere a la escena vasca, pero me da la impresión que algo similar está pasando en otros lugares, y cada vez con mayor intensidad.

Como forma de innovación social, la poesía puede ser la “utopía de la lengua”, como dice Atxaga en Muskerraren bidea: experimentos de innovación lingüística para que una lengua diga mejor, con mayor precisión y belleza, cosas que son difíciles de expresar para todas. Pero no confundamos la poesía con los sueños: la poesía trata de hacer visible y memorable aquello que ya existe, pero que no vemos o recordamos con claridad. Tal vez por ello en humanidades y ciencias sociales comienza a crecer el uso de la poesía en estudios cualitativos: porque nos muestra en alta resolución fenómenos que de otro modo veríamos borrosos y desdibujados, pero que no por ello dejarían de tener consecuencias muy reales. Uno de los fenómenos que desafía hoy a las sociedades contemporáneas es el reto del pluralismo: cómo articular consensos compartidos para hacer posible la convivencia entre diferentes concepciones de la vida. ¿Puede contribuir la poesía a sacar a la gente de su ensimismamiento y forjar una comunidad compartida?

Como hipótesis creo que que sí, si consideramos que la presencia de la poesía en la esfera pública está relacionada con algunas prácticas democráticas, y siempre que entendamos  “poesía” en sentido amplio, como toda forma de creación lingüística (escrita, verbal o audiovisual) susceptible de compartirse en la esfera pública. Para ello, siguiendo a Habermas, hay que entender cómo se relacionan dos grandes conquistas de la modernidad --la autonomía privada y la autonomía pública-- mediante la deliberación. Este vínculo es especialmente claro en democracia, porque (aunque sólo sea como un ideal regulativo, que nunca se alcanza pero que orienta la práctica real) una democracia es tanto más fuerte cuanto más deliberativa. Autores como Benjamin Barber han resaltado ese carácter lingüístico de la democracia, entendida como el sistema político en que la ciudadanía se define a sí misma mediante el debate y la toma de decisiones colectiva.

En democracia, el intercambio lingüístico mantiene la autonomía mediante la deliberación y el ejercicio de cierta “soberanía sobre el lenguaje” cuyo ejemplo más extremo sería la creación poética, pero que está implícito en cualquier intercambio cívico. Por ello, la cultura democrática se manifiesta bajo la forma de prácticas discursivas construidas por y para la ciudadanía, prácticas que nos permiten articular mejor nuestras vidas públicas y privadas, nuestra identidad individual y colectiva. Esa sería la razón por la que las prácticas que sostienen una cultura literaria en particular también promueven la autodeterminación cívica. Pero en el mundo real no siempre es posible deliberar en directo y en persona, así que a menudo tenemos que incluir en la deliberación el punto de vista del otro, evocar su voz, y para ello la poesía también es una herramienta valiosa. No tanto como producto cultural, sino como un proceso cuyas condiciones de posibilidad y socialización son las que garantizarán que el otro evocado sea lo suficientemente concreto y plural.

La poesía muestra cómo ven las culturas el mundo (se lo leí hace poco a Hedoi Etxarte en Argia) y, cuando se practica en público, la pluralidad intrínseca de una sociedad democrática convierte a la poesía y sus múltiples voces en un experimento de cultura para la convivencia, alimentando prácticas discursivas que van más allá de la poesía como producto cultural. Por ello mi conclusión última no es tanto subrayar la necesidad de la poesía, que a fin de cuentas no necesita muchos medios para sobrevivir en el valle que ella misma excava, sino enfatizar la necesidad de una cultura democrática para que el programa ilustrado-romántico puede convertirse en una práctica cultural verdaderamente emancipadora.

Tuesday, December 22, 2015

Mail & Mall

Anoche vimos con los niños You've Got Mail, una peli de finales de los noventa con Meg Ryan y Tom Hanks. La tenía vista pero sólo recordaba el perro, que no hace gran cosa salvo intentar humanizar al personaje de Hanks, bastante detestable por lo demás. En 1998 ya usábamos correo electrónico, pero no sabía que la película fuera tan profética en lo social y político. Parece una comedia romántica pero el mensaje es descorazonador. El capitalismo cerrará sin piedad las pequeñas tiendas de tu barrio y a cambio abrirá grandes superficies con variedades de café y silloncitos; te dará una identidad construida a base de elecciones triviales, click click click, y te seducirá por Internet. Todo muy hipster, muy low cost, todo muy real. Pobre de Meg...

Thursday, December 17, 2015

Dragomán

Como traductor soy más bien autodidacta. Pero hoy me he acordado de José Luis Arántegui (aka Reny Poch), con quien coincidí en los años de la Facultad en Zorroaga, traductor de Karl Kraus, escritor y poeta. Tenía impreso “trujamán” en su tarjeta de visita y fue él quien me enseñó el vocablo: según parece, el trujamán (también llamado trujimán o dragomán; turgumán en el árabe hispánico original) era un intérprete informal que auxiliaba ciertas transacciones comerciales durante la Edad Media. A diferencia de los traductores formales, el trujimán tenía una preparación técnica limitada y sólo servía para hacer negocios puntuales en un campo comercial específico.

Yo tampoco soy un traductor profesional y mi dominio de competencia es bastante limitado: aunque he traducido más cosas --generalmente pro bono, o sea, por la cara--, lo único que sé traducir bien es la obra de Thoreau, porque a él sí que me lo he trabajado. Así que debo ser más dragomán que otra cosa. Por otra parte,  Arántegui era --es, espero-- un escritor culto, oculto y prodigioso, así que también me gusta considerarme su discípulo informal, su infiel Padawan.

Wednesday, December 16, 2015

Sobre la poesía como práctica cultural emancipadora

Cuando Nussbaum (2013) sostiene que apelar a las emociones mediante “los símbolos, los recuerdos, la música, la narrativa o la poesía” proporciona un apoyo complementario a los principios de justicia social, está defendiendo el discurso estético-afectivo como medio para educar la sensibilidad moral y política. Y lo hace dentro de una tradición que se remonta a Kant y Schiller (quien, en su segunda carta sobre la educación estética, escribió que “es a través de la belleza como se llega a la libertad”) pasando por el romanticismo que, en su versión alemana, apuesta por aunar racionalidad y sensibilidad, ilustración y estética, logos y mito. Ese era el programa de Hegel, Schelling y Hölderlin en Die älteste Systemprogramm: “Mientras no hagamos estéticas, es decir mitológicas, las ideas, ningún interés tienen para el pueblo, e inversamente: mientras la mitología no sea racional, el filósofo tiene que avergonzarse de ella. Así tienen finalmente que darse la mano ilustrados y no ilustrados, la mitología tiene que hacerse filosófica para hacer sensibles a los filósofos.”

Ahora bien, como apunta Fernando Broncano en su blog, el programa no ha sido realizado, la promesa del romanticismo liberal --llegar a la libertad por medio de la belleza-- no se ha cumplido. En el mundo actual la belleza no es emancipadora, no al menos en la cultura hegemónica, donde se ha convertido en un bien de consumo más. Los mitología de nuestros días no es ilustrada pero “sin la razón la sensibilidad está colonizada y ciega, se convierte en algo plástico”; para emanciparla, añade Broncano glosando a Spivak (2012), hay que buscar la razón fuera del programa schilleriano, meramente teórico y académico, y experimentarla como una praxis sensible, “como una forma de estar-con, de estar-entre, de transformar y ser transformado” por la cultura subordinada.

¿Cómo se educan la razón y la sensibilidad en una era de globalización? Spivak dedica parte de su tiempo a las escuelas de los barrios de su tierra de origen: “enseñando lenguas, enseñando la tensión entre ellas y enseñando a mirar alrededor”, en la apta formulación de Broncano. Pero hay otras vías. Sea en una escuela primaria en la India o en un taller de poesía en Euskal Herria, esos tres aprendizajes --el de una lengua, el de las tensiones entre ella y otras, el de la mirada que las descubre-- están presentes en el esfuerzo de descifrar un poema. Mediante la lectura lenta y la escucha atenta aprendemos la lengua del poema y a mirar mediante él, y a menudo lo que nos revela es una situación de diglosia, de subordinación o de injusticia ante la cual el poema proporciona alguna clase de esperanza de transformación.

No se trata, pues, de rescatar la poesía como ejercicio elitista, sino como práctica cultural emancipadora. Pero hay aquí un problema: ¿para qué sirve la poesía? De por sí el poema es soberano; si no quiere dejar de ser poema y convertirse en un mero slogan no se pondrá fácilmente al servicio de ningún programa. Comentando junto a Gadamer un poema de Celan, Derrida afirma que “el poema mismo no decidirá nada”, sino que se limita a perdurar generando referentes siempre nuevos en diálogo con sus lectores futuros: “Aunque conserve una iniciativa en apariencia soberana, imprevisible, intraducible, casi ilegible, sigue siendo también una huella abandonada, de pronto independiente del querer decir intencional y consciente del firmante, y que vaga, pero de manera secretamente regulada, de un referente al otro --destinada a sobrevivir, en un ‘proceso infinito’ [característico del verdadero diálogo según Gadamer], a los desciframientos de cualquier lector venidero”.

Derrida pronunció esas palabras en un homenaje ya póstumo a Gadamer, en diálogo con un amigo que ya no estaba presente. Sin saberlo, iluminan un pasaje justamente famoso de otro poema, el escrito por W. H. Auden en memoria de otro poeta, W. B. Yeats, aquel en el que Auden afirma que “poetry makes nothing happen: it survives / In the valley of its making”. La poesía no provoca que pase nada, escribe Auden. El poema, dice Derrida vía Gadamer, no decide nada por sí mismo. Los acontecimientos, también los políticos, son trabajo de cada lectora y cada lector; el trabajo del poema es sobrevivir en un valle que él mismo ha excavado a fuerza de ser leído y escuchado.

Según Coleridge, poesía son las mejores palabras en el mejor orden. En última instancia, la definición no es satisfactoria porque no nos dice qué es lo que hace a un orden de palabras el mejor sobre otros posibles órdenes o palabras. Auden sí: la poesía es poesía cuando sobrevive. Porque resiste y es repetida, y se repite porque la experiencia que suscita satisface necesidades básicas humanas: aprender a decir, a mirar, a reconocernos, a escuchar. Al ser repetido, el poema crea un espacio habitable, un valle, como el río que ahonda su cauce a fuerza de pasar sobre él una y otra vez. El valle, el poema, es producto de esa forma de interacción social --a veces líquida (oral), a veces sólida (escrita)-- que llamamos lenguaje. Y cuando se alimenta de la lectura lenta y escucha atenta, el caudal es inagotable y la poesía sobrevive en ese “proceso infinito”. Al final de esa sección del poema, Auden vuelve a repetir que la poesía está destinada a sobrevivir como una manera de acontecer que no sólo es estético y afectivo, sino también moral y político: “it survives, / A way of happening.”