Imago lacus

The picture above was taken by a dear friend, the American poet Debra Kang Dean (please do not use it without permission). I met Debra three years before, when I went to Walden to work with his late husband Brad, a great Thoreau scholar. Once we spent hours tracking this quotation: "Some men go fishing all their lives without ever realizing it's not fish they are after." We concluded that Thoreau never wrote it, but si non è vero...

Thursday, June 12, 2014

Hernani-Madrid-Hendaia

Mi amigo Tx. me envía un par de fotos que acaba de hacerle a la calle Hernani en Madrid y yo, que creía que ya no quedaban rincones así, al verlas he recordado un pasaje de Rossettiren obsesioa, la novela de Saizarbitoria situada entre Madrid y Londres. Ahí el narrador sugiere que el nombre de la estación de Chamartín remite etimológicamente a “Casa Martín” (Etxe Martin). En su muy recomendable monografía sobre Saizarbitoria, Ur Apalategi explica muy bien por qué el narrador se resiste a cambiar de hotel y alejarse de Chamartín, tal vez porque el nombre le mantiene conectado a su matria literaria vasca, a la vez que le permite tomar el tren de regreso a ella. En la novela, esto ocurre tras una escena en la que su amante Eugenia, dice el narrador, “[le] asaltó otra vez, casi con rudeza, y se agitó sobre [él] con el empeño y el vigor característico, creo, de las mujeres menudas.” (110)

La lectora en posición dominante, a horcajadas sobre el escritor: esta imagen, que aparece también en Bihotz bi, es para Apalategi-Saizarbitoria la clave de la literatura postmoderna. Allí, convertido en suministrador de placer para el público lector, el escritor se somete a la lógica comercial y la cultura del best-seller (Apalategui 130-131). Además de esa clave mercantil, en Rossettiren obsesioa se suma otra nacional: la lectora Eugenia adopta esa posición desde la centralidad del campo literario español, interpelando al escritor vasco (periférico desde su perspectiva) con su insistente “¿qué os pasa a los vascos?” (191) Tal vez la “rudeza” y el “vigor” que Eugenia se gasta con el narrador no simbolicen únicamente el carácter postmoderno de una literatura hecha para satisfacer al público lector, sino también cierta agresividad interna, ya sea debida a la tensión centro-periferia o a la propia posición subordinada del sistema literario español dentro del panorama mundial.

Si uno se autodefine como periférico es porque desea tomar el centro (os lo dice un donostiarra periférico); ante tantos escritores deseosos de “irse a Madrid” (Jabois), la novela de Saizarbitoria enseña justo lo contrario: cómo irse de ahí, o al menos qué peligros evitar en ese viaje, y en eso está mi amigo también. Pero Saizarbitoria, además, nos enseña algo sobre la condición del escritor en una lengua minoritaria. Así lo dice Ur Apalategi: “La verdadera victoria --Victoria, el amor-- no puede venir del autodesprecio. Si quiere ganar el amor de su público lector ‘natural’ (aquel que le lee en la lengua que ha elegido para escribir) y obtener eventualmente un reconocimiento internacional sin alienar su propia personalidad, el escritor que ha decidido hacer su obra en una lengua minoritaria no debe creer que para ello le basta con el hecho de ser deseado por un sistema literario más potente. No creer en sí mismo es, pues, la falta moral de la que Juan Martin se hace culpable.” (199)


En cualquier caso, aún nos quedan muchas posibilidades poéticas en los nombres de las estaciones, esas letanías recitadas mecánicamente a cada momento del día en el interior de mil vagones. En Esku ezkerraz jugué con los de la red de metro de Madrid, no sólo para señalar la presencia explícita de nombres vascos como Chamartín o Vergara, Begoña, Bilbao y Legazpi --saque cada cual sus conclusiones--, sino también por el poder de evocación y la multiplicidad semántica de estaciones como Campo de las Naciones, Casa de Campo, Mar de Cristal, Esperanza, Laguna, Prosperidad, Ronda de la Comunicación o Parque de los Estados.

Y luego está la sonoridad propia de la toponimia. Frecuenté durante años la línea Lasarte-Hendaia del topo y aún hoy podría componer algunas estrofas con sus estaciones. Puestos a creer en uno mismo, este sería mi mantra personal:

Añorga Anoeta
Herrera eta Pasaia
Belaskoenea Bentak  
Lugaritz eta Amara 

Hendaia Errenteria
Loiola Errekalde
Oiartzun Fanderia
Ficoba eta Lasarte.

Ur Apalategui
Ramon Saizarbitoria: l’autre écrivain basque (L’Harmattan, 2014)

Ramon Saizarbitoria
Guárdame bajo tierra (Alfaguara, 2002)