Imago lacus

The picture above was taken by a dear friend, the American poet Debra Kang Dean (please do not use it without permission). I met Debra three years before, when I went to Walden to work with his late husband Brad, a great Thoreau scholar. Once we spent hours tracking this quotation: "Some men go fishing all their lives without ever realizing it's not fish they are after." We concluded that Thoreau never wrote it, but si non è vero...

Sunday, December 29, 2013

Habanera




Mila zortzirehun ta hamairu
bandera jarri zituzten
ta San Telmo Museoan
iragana da erakusten

bandera trapu zaharrak
baino ez direla dioten
horiek ez dakite ziur
zenbat bandera daukaten

ez gara bizi maketan
Donostian jaio ginen
merkatagune bat Bretxan
gure hutsuneak betetzen


eskerrak lagunekin
hauxe ikasi genuen
trapuen erabilpena
gure geroa ehuntzen.

(Urmarako lagunei)

Thursday, December 26, 2013

Oh, Oteiza


Ez nauzue oteizaleen
oteizakerien zale
baina Oteizaren esaera hau
genio hutsaren seinale

estaba muerto... me han vuelto a vivir
bizitzera itzuli naute
orain aitortza eta esker ona
hurrengo biszita arte.


Thursday, December 19, 2013

Kakiondo bati


Hostoak galduta ere
parkeko arbola
urtearen azkenan
fruituez betea

ez dira gazi ez gozo
galaxiak nola
zeru zurbil honetan
zintzilik daudela

zure fruitu lizunak
ez ditut gogoko
baina zure antzera
bizi nahi dut gero.

Saturday, December 14, 2013

Little poetics

Presarik ez prosarik ere ez.
Neither prose nor morose.
Sin prisa pero sin prosa.

Thursday, December 12, 2013

Corazonista (zortziko bat)




Neguan soilik ikusten zaio
Urgulleko mendiari
lurreko azala
                     eta Jesusek
xake pieza bat dirudi

neguko egunak lan egiteko
baina nahiago dut jakin
nire arrazoi ofizio honetan
ikastearen atsegin.

Monday, December 9, 2013

2652 poemas (renku warm up)

La entrada por la cual durante este mes transitará la 8ª edición del Carnaval de Humanidades ya está en el blog de la Facultad de Ciencias de mi universidad. En ella, Marta Macho Stadler nos propone el tema "Literatura y matemáticas" y recuerda cómo el Oulipo propició verdaderas obras de arte de la literatura por medio de restricciones en la escritura, operaciones mediante. No puedo menos que sumarme a la iniciativa: hacer más con menos siempre ha sido lo mío.

Mi experiencia es que, contra lo que pudiera esperarse, acotar el conjunto posible de temas y otros recursos retóricos hace más fácil la creación literaria, o como mínimo el entretenimiento. Al fin y al cabo, ¿qué son las formas poéticas tradicionales sino un conjunto de restricciones métricas y prosódicas, que por razones musicales y mnemotécnicas vamos transmitiendo?

Tal vez menos conocida sea otra clase de restricciones: aquellas que afectan no tanto a la forma sino al contenido o tema (aunque, como he sugerido, los temas también son recursos y, por ejemplo, la elegía tiene determinadas restricciones formales, como no mencionar el nombre de la persona fallecida). Con su intención de proporcionar un elenco de alusiones tan amplio como el universo, el renku tiene todo un conjunto de elaboradas reglas que indican a los participantes en este poema colectivo qué tema, objeto o estación deben tratar en la siguiente estrofa para no repetirse y completar así ese mandala hecho con palabras tan propio de la cultura japonesa.

Aunque sea en ambiente festivo y entre amigos, el renku es un ejercicio de poesía cooperativa y da miedito. En un taller de iniciación a la creación literaria que tengo más o menos preparado, utilizo varios juegos para eliminar inhibiciones y superar el bloqueo que se presenta al intentar escribir poesía en público. Uno de estos ejercicios me lo sugirió la lectura del libro de Glyn Maxwell que citaba en mi anterior entrada. Sólo se necesita una baraja de cartas. He aquí el planteamiento, que he adaptado al naipe español.

Cada palo es una situación en la que hay que imaginarse. Espadas: estás sola. Copas: estás con un ser querido pero las cosas no van bien. Oros: van bien. Bastos: estás acompañada por dos, por doscientas, por dos mil personas. Y también damos significado a los números y figuras, así: dos, hace calor; tres, mucho frío; cuatro, cerca de alguna clase de fuego; cinco, cerca del agua; seis, amanece; siete, el sol se pone; ocho, estás bajo tierra; nueve, por lo tanto llueve; diez, nieve; con la sota estás en una cama, haciendo algo que se hace bien allí; el caballo trae alguna clase de peligro; el rey significa que estás sentada a la mesa, comiendo o hablando. ¿Y el as? Pues la muerte, o algo sobrenatural.

Pongamos que te ha tocado la sota de espadas: estás sola en la cama, durmiendo a pierna suelta. El ocho de bastos: un atestado vagón de metro. Así leída, la baraja es una máquina de generar 13 x 4 = 52 situaciones, todas diferentes. ¿Y qué hacemos con ellas? Obviamente, jugar a componer algo, en solitario o mejor en grupo, porque ya no tenemos que inventar nada, sino improvisar sobre la situación propuesta por el azar. Barajar las cartas y repartir una a cada participante. 15 minutos para escribir una estrofa de tres versos. Si cuentas algo personal nadie se va a dar cuenta, así que no hay presión. A continuación viene lo bueno: cada uno pasa su estrofa al compañero de al lado, quien tendrá otros 15 minutos para leerlo en silencio y escribir otra estrofa de dos versos que de alguna manera sutil enlace, complete, responda o transforme la estrofa que le han pasado, pero manteniendo algún elemento de la que escribió inicialmente. Llega entonces el momento de servir algo reconfortante --estamos en diciembre-- y hacer una ronda de lectura en voz alta para compartir comentarios e impresiones.

Y si alguien pregunta cuántas situaciones nuevas pueden generarse al combinar dos cartas, siempre podemos pasar de la poesía japonesa a las mates de BUP. Primero pensé en las variaciones, pero luego me lié mirando fórmulas y pensé en combinaciones de 52 elementos tomados de 2 en 2 sin repetición. Demasiado complicado para ser verdad. Menos mal que Marta me recordó que en este juego el orden de los factores sí altera el producto (no es el mismo poema el que va de la situación A a la B que el que hace el recorrido inverso) y me dió la fórmula de las variaciones, con el factorial luciendo signo de exclamación:

V(n,k) =  n! / (n-k)!
V(52,2) = 52! / 50! = 52 x 51 = 2652



Esta entrada participa en la VIII Edición del Carnaval de Humanidades, cuyo blog anfitrión es ::ZTFNews. 

Sunday, December 8, 2013

Hitza denboran, edo txioak Time Line batean

Atzoko Berrian Angel Erroren zutabea irakurri nuenean honako hau gogora etorri zitzaidan:

Poets are voices upon time. What makes poetry so giddyingly different from other forms is how naturally and plainly its reader can inhabit that voice. For we all consciously know that poetry is written in the everyday material of language, but at a deeper cerebral level surely it becomes easier to imagine the voice one's own, that we could be thinking it, living it, saying it. We could have come to just this place. How else could a great poem last so vertiginously long?

And because our inner voice dictates the texture, tone and timing of the reading that we both render and receive, the silence around it and through it seems to become ours too. We place it and hear it where we will. [...] this makes the written poem unique, in terms of our relationship with its materials--by which I mean the black (something there) and the white (nothing there). The Stalin regime could destroy Osip Mandelstam, but not the poems his widow Nadezhda had learned by heart. That's something and nothing showing their true colors.

Glyn Maxwell: On Poetry (Oberon, 2013)

Beltza eta zuria, dagoena eta ezereza. Zuriaren garrantzia azpimarratzen du Maxwellek, hutsuneak poesian denbora markatzen edo islatzen duelako, musikaren funtzioa betetzen. Zuria eta beltza zer diren hobeto ulertzeko, adibide xumea dut gogoan orain. Euskararen nazioarteko egunean, txio hau ikusi nuen twitterren:
Irakurri eta berehala, han gordeta zegoen poema ikusi nuen (alegia, han zegoen ahotsarekin identifikatu nintzen), nire golkorako errepikatu ondoren tanka baten forma eman nion, zurizko hutsuneak paratuta:

Kale izoztuan 
itxaropen bakarra: 
txantxangorria 

Nafarroaren egunaz 

norbait txioka dabil.

Txiolariek beltza jarri zuten; zuria nik.

Thursday, December 5, 2013

La otra vida de los escritores

Ur Apalategi (París, 1972) recibió en 2011 el Premio Euskadi de literatura por este libro, originalmente titulado Fikzioaren izterrak, que acaba de aparecer en castellano traducido por Angel Erro (con un cuento de menos, prescindible quizá por tratarse de un mini-thriller de interés más local sobre el fallo del citado premio). En la presentación del libro este martes, Iban Zaldua (también premiado este año por su ensayo Ese idioma raro y poderoso) proporcionó todas las claves para entender la aportación de Apalategi a la literatura vasca actual; mientras espero a que Zaldua publique esa introducción, dejadme decir que hacía mucho que no devoraba en una tarde seis cuentos seis con tanto placer.

“La otra vida” es el single que abre y titula el conjunto (no mera antología, sino un libro con unidad temática) con uno de esos relatos perfectos que te hacen volver a la primera página una vez llegas al final. Anuncia el leit motiv del libro: la “otra vida” de los escritores en sus obras y sobre cómo ésta vuelca sus (nuestras) expectativas con un giro imprevisto. La tensión emocional de este primer cuento queda aliviada por el tono ferozmente paródico del segundo, “Último fandango en Buenos Aires”, que también trata sobre escritores, sus pasiones ocultas y la implacable lucha entre generaciones literarias.  Y digo “escritores” en el sentido no epiceno del término, porque los personajes principales de todos los cuentos son hombres que escriben / traducen / respiran literatura, y eso lo convierte en un libro muy masculino, agridulce y agónico pero sin perder la lucidez, porque esos hombres alcanzan cierta lección o verdad al final de esas otras vidas (que también son las nuestras). Aunque sea al precio de la ruptura o el abandono de lo que antes tenían por su identidad.

No soy crítico ni siquiera escritor, pero parece que vivimos en un buen momento para el género breve.  Me gustan estos cuentos porque en ellos nada es lo que uno supone: hay quien no pareciendo gay acaba por salir del armario, y viceversa; parejas improbables que se buscan en congresos de literatura practican el amor cortés, mientras que matrimonios con hijos dirimen sus diferencias en sesiones sadomaso en las que no falta el bilingüismo. Acaso porque no hay manera de irse a la cama sin la lengua (y la historia que trae consigo), estas ficciones suenan muy reales, al menos leídas desde el País Vasco. Puede que las historias hayan sustituido a la Historia, pero aquí sabemos bien que intentar sincronizar ambas a la fuerza puede traernos pesadillas como la del tercer cuento, “Dos cartas a la posteridad”.

No quiero incurrir más en esa simplificación que a menudo se practica desde las lenguas grandes hacia las pequeñas, que es el tema del último cuento, precedido por la inolvidable “Vespa dorada”, tal vez el más cortazariano o ibanzalduesco de los seis. Así que sólo os digo que si no pudisteis disfrutar de Fikzioaren izterrak, lo mejor de la narrativa vasca contemporánea desde Atxaga a Saizarbitoria os está esperando en este pequeño libro, imprescindible para entender una literatura que comparte referencias con todo el mundo (aunque sea un tiempo en el que la literatura ya no es lo que era, y tenga que hibridarse con el pop, el cine y el ensayo) pero que jamás había estado tan viva.

Ur Apalategi Idirin
La otra vida (Utriusque Vasconiae, 2013)