Imago lacus

The picture above was taken by a dear friend, the American poet Debra Kang Dean (please do not use it without permission). I met Debra three years before, when I went to Walden to work with his late husband Brad, a great Thoreau scholar. Once we spent hours tracking this quotation: "Some men go fishing all their lives without ever realizing it's not fish they are after." We concluded that Thoreau never wrote it, but si non è vero...

Wednesday, January 30, 2013

Budista y trilingüe / poema bat / in gatha style

Ante el rostro soñoliento de mi hij@
I vow with all beings
poesiaz ez naizela hordituko
a defender a palabra limpia nuestra casa.

Semealabaren musu lokartuaren aurrean
me comprometo con las diez mil cosas
to stay on the sober side of poetry
eta etxea hitz hutsez defendituko dudala.

When I see my child's sleepy face
hamaika izakiekin zin egiten dut
de la poesía en la sobriedad
and defend our home with bare words.

Tuesday, January 29, 2013

Saizarbitoriaren poema eta Arestiren asmakizuna

Harribitxi bat aurkitu dut: euskal poesiaren antologia bat, hamaika urte nituela argitaratua. Han bi poema aipagarri, biek euria aipatzen dutenak. Saizarbitoriarena euria bezain garbia, baina zertaz dihardu Arestiren sonetoak?

AMALAUDUN
(Gabriel Aresti)

Gau-a guztien'zpiritua zara;
lore guztiak arnotu ex ta nahas:
hotzerri-belarra, otea, akara.
Zure urrin hortaz horditu naiz arras.


Gauzen tolesketa gaitza bezala,
behin harroa, hurragoa apala.
Euritan triste, haizetan barreka:
ur oliatuaz egin erreka.


Gau't'egun; ilargia, eguzkia;
batan-samurra eta edaskia.
Zeu zara ardi kumeduna'ta antzua.


Zure ezagutza etorri zait garaiz:
astiro, argiro konturatu naiz
batez zarela zimaurra, gantzua.


EURIPEAN
(Ramon Saizarbitoria)

Euria une batean
hosto gainetan
gelditu
eta gero
lurrera erortzen zen...
Viet-nam-en
bonbardeamendu itsuek
jarraitzen zuten.
Paris-ko estudianteak
Sorbona hartu zuten
eta
hemen euriak
jarraitzen zuen
oraindik;
Renault-eko
langileek
fabrika hartu
zuten
eta

hemen oraindik
euria
hostoetan gelditu
eta lurreratzen zen.


Euriak
leihotiko kristalak
indarrez
astintzen...


Ni eserita
tanta-tantakaeuriarekin
batera
hiltzen...
Euri-pean
jaso zuten preso;
begiak erdi itxita
ikusi nuen joaten
pauso-pausokasuiztar
inkonformismoa
heltzen.
Euri-pean
—mila urte
inguruko tradizio
errebolusionarioa, eta abar,
eta abar—,
Euri-pean
—holako
tanta lodiakdemokrazia
konfederazioa
kapitalismoa azkatasuna
eta abar
eta abar.
Eta
ni ere euri-pean.


Santiago Onaindia (ed.)
Gaurko olerkarien euskal lan aukeratuak (Geu, 1981)

February 1857

Feb. 18 [...] I am excited by this wonderful air and go listening for the note of the bluebird or other comer. The very grain of the air seems to have undergone a change and is ready to split into the form of the bluebird's warble. Methinks if it were visible, or I could cast up some fine dust which would betray it, it would take a corresponding shape. The bluebird does not come till the air consents and his wedge will enter easily. The air over these fields is a foundry full of moulds for casting bluebirds' warbles. Any sound uttered now would take that form, not of the harsh, vibrating, rending scream of the jay, but a softer, flowing, curling warble, like a purling stream or the lobes of flowing sand and clay. Here is the soft air and the moist expectant apple trees, but not yet the bluebird. They do not quite attain to song. What a poem is this of spring, so often repeated! [...]

Feb. 24. A fine spring morning. The ground is almost completely bare again. There has been a frost in the night. Now, at 8:30, it is melted and wets my feet like a dew. The water on the meadow this still, bright morning is smooth as in April. I am surprised to hear the strain of a song sparrow from the riverside, and as I cross from the causeway to the hill, thinking of the bluebird, I that instant hear one's note from deep in the softened air. It is already 40°, and by noon is between 50° and 60°. As the day advances I hear more bluebirds and see their azure flakes settling on the fence-posts. Their short, rich, crispy warble curls through the air. Its grain now lies parallel to the curve of the bluebird's warble, like boards of the same lot. It seems to be one of those early springs of which we have heard but have never experienced. Perhaps they are fabulous.

Sunday, January 27, 2013

Villanelle for our time (Cohen & Scott)

La villanelle es una forma rimada compuesta por cinco tercetos, en los que se repiten dos estribillos que confluyen en el cuarteto final. Una de mis favoritas es la Villanelle for our time del poeta y jurista canadiense Frank Scott, que Leonard Cohen convirtió en canción hace unos años:


Ayer me puse a traducirla, pero en castellano no pude pasar del “Este amargo escrutarse el corazón” inicial. En euskera opté por mantenerme en parámetros similares a los del bertso tradicional y bajando un poco el culto registro de Scott esta versión salió casi de corrido:

GURE GARAIRAKO VILLANELLE

Bihotz arakatze garratzean
grinez eta minez ernatuta
parte hartzeko altxatzen gara

abiatzen garen fedea
giza komunitatearena
bihotz arakatze garratzean

maite genuen erraza dena
baina orain eskua prest dugula
parte hartzeko altxatzen gara

konpromiso txikiak badoaz
ez arraza ez kredorik behar
bihotz arakatze garratzean

herria engainatu zuen mapa
arruntari muzin eginaz
parte hartzeko altxatzen gara

milioika biktimek eragina
zabalduz artea eta legea
bihotz arakatze garratzean
parte hartzeko altxatzen gara.

Wednesday, January 23, 2013

Szymborska +





ESKUA

Hogeita zazpi hezur,
hogeita hamazazpi gihar,
bi mila bat neurona
hatz bakoitzeko hatz-punta bakoitzean.
Nahikoa
Mein Kampf idazteko
edo Winnie the Pooh.

ACdR-k itzulia





RECIPROCIDAD

Hay catálogos de catálogos,
poemas sobre poemas.
Obras sobre actores representadas por actores.
Cartas escritas por culpa de otras cartas.
Palabras que explican otras palabras.
Cerebros que estudian el cerebro.
Tristezas contagiosas como una carcajada.
Cartas extraídas de la baraja.
Miradas vistas.
Casos declinados según el caso.
Ríos grandes con la decisiva contribución de ríos pequeños.
Bosques cubiertos de bosque hasta las pestañas.
Máquinas dedicadas a fabricar máquinas.
Sueños que de pronto se despiertan del sueño.
Salud necesaria para recuperar la salud.
Tantos escalones de subida como de bajada.
Gafas con que buscar las gafas.
Respiración que inspira y expira.
Y al menos una vez de vez en cuando
el odio del odio.
Porque al final de todo
está la ignorancia de la ignorancia
y manos reclutadas para lavarse las manos.

Martín López-Vega trad.

Wislawa Szymborska
Suficiente / Nahikoa 

Tuesday, January 22, 2013

Notas (breves) sobre microliteratura

Para empezar yo distinguiría entre microrrelato y aforismo. Los primeros son narrativa en su expresión mínima, mientras que los segundos tienen mucho de máxima moral: se parecen más a un refrán o a una observación aguda y veloz, como los que agrupaba Nietzsche en la sección de “sentencias y flechas”. Nuestra cultura ha conservado aforismos desde la antigüedad, con las sentencias de los Siete Sabios de Grecia o el bíblico Libro de los Proverbios.

Lo que sí tienen en común microrrelato y aforismo es su brevedad, desde los 140 caracteres (o menos) de un twit hasta un párrafo de no muchas líneas. Eso genera una falsa impresión de facilidad: todo el mundo tiene alguna ocurrencia más o menos ingeniosa o lapidaria de vez en cuando, pero reunir cinco páginas de ellas no es tan sencillo, y eso es lo que pedimos en el Oihenart, en el que premiamos colecciones de aforismos, no ejemplares sueltos.

Microrrelato y aforismo son un género muy personal. Como en ellos sólo entra lo absolutamente esencial, ese equipaje imprescindible retrata muy bien a un escritor, y los buenos son inconfundibles, tanto que hay autores que han creado su género propio: no es lo mismo una “greguería” de Gómez de la Serna que un “pecio” de Sánchez Ferlosio o una “chincheta” de García Máiquez.

Pero no creo que sea esa la razón por la que últimamente se han puesto de moda, sino más bien por la fragmentación de nuestro modo de vida. Mi tiempo de lectura se ha atomizado y sólo en vacaciones tengo margen de maniobra suficiente para embarcarme en un transantlántico como Martutene (con todo, esta meganovela está estructurada en pequeñas secciones narrativas, cada una con su título, lo que a veces le da cierto aire aforístico). Aforismos y microrrelatos son píldoras literarias autocontenidas, que puedo disfrutar de principio a fin en cualquier ocasión.

Además, son géneros de lo más agradecido, dan mucho juego. Basta pensar en el célebre microrrelato de Monterroso (“Cuando despertó, el dinosaurio todavía estaba allí”) o el citadísimo refrán de Axular (“Dabilen harriari etzaika goroldiorik lotzen”, que lo mismo sirve para una sala en la exposición Badu Bada que para un disco de Ruper Ordorika).

Tienen la máxima portabilidad, lo que les hace muy atractivos para darles difusión: con un sólo pantallazo en diez segundos puedes proyectar un aforismo, un microrrelato o un poema breve como un haiku, y hoy vivimos rodeados de pantallas: no sólo en el trabajo, sino también en la calle, los medios de transporte, las salas de espera... Y, dando difusión a la obra, también se lo das al tema, lo cual es muy interesante en las tareas de extensión universitaria, divulgación o transferencia del conocimiento, etc.

Por otro lado, si organizas un certamen tienes que asegurarte que el jurado lea con atención todas las obras presentadas anónimamente, y esto es mucho más factible en un concurso de aforismos que uno de novela. Esta manejabilidad del género aumenta la participación, tanto en cantidad como en amplitud: es más fácil para un estudiante o un jubilado estrenarse con una colección de aforismos que con una obra que requiera un esfuerzo más sostenido y unitario temáticamente.

Con el Oihenart intentamos que los jóvenes empleen Twitter para algo más que para chatear, pero de hecho hay gente que lo ha integrado perfectamente en su práctica creativa o productiva. Hay un fenómeno curioso, de ida y vuelta. Un tuit, si es respondido, puede generar una entrada en un blog y esta una columna en el periódico, que a su vez es tuiteada y genera nuevos comentarios, entradas, columnas y hasta recopilaciones de artículos... eso ha convertido a muchos periodistas en un aforistas por necesidad, en profesionales no ya del micro, sino de lo micro.

Y últimamente también pasa lo mismo con algunos escritores. Aquí tenemos a verdaderos especialistas como Ramón Eder, un aforista de nivel internacional, y en euskera Bixente Serrano Izko y Ana Urkiza han publicado libros íntegramente dedicados a ese género. Iban Zaldua tiene relatos magníficos, algunos muy breves, como los de “Biodiskografiak” o el que cierra su último libro, “Idazten ari dela idazten duen idazlea”.

Sunday, January 20, 2013

Donostiako martxa

 

If there is a heaven left for me
in Donostia's haven it must be...

Saturday, January 19, 2013

Richard Rorty on the Consolation of Poetry

In an essay called "Pragmatism and Romanticism" I tried to restate the argument of Shelley's "Defense of Poetry." At the heart of Romanticism, I said, was the claim that reason can only follow paths that the imagination has first broken. No words, no reasoning. No imagination, no new words. No such words, no moral or intellectual progress.

I ended that essay by contrasting the poet's ability to give us a richer language with the philosopher's attempt to acquire non-linguistic access to the really real. Plato's dream of such access was itself a great poetic achievement. But by Shelley's time, I argued, it had been dreamt out. We are now more able than Plato was to acknowledge our finitude — to admit that we shall never be in touch with something greater than ourselves. We hope instead that human life here on earth will become richer as the centuries go by because the language used by our remote descendants will have more resources than ours did. Our vocabulary will stand to theirs as that of our primitive ancestors stands to ours.

In that essay, as in previous writings, I used "poetry" in an extended sense. I stretched Harold Bloom's term "strong poet" to cover prose writers who had invented new language games for us to play — people like Plato, Newton, Marx, Darwin, and Freud as well as versifiers like Milton and Blake. These games might involve mathematical equations, or inductive arguments, or dramatic narratives, or (in the case of the versifiers) prosodic innovation. But the distinction between prose and verse was irrelevant to my philosophical purposes.

Shortly after finishing "Pragmatism and Romanticism," I was diagnosed with inoperable pancreatic cancer. Some months after I learned the bad news, I was sitting around having coffee with my elder son and a visiting cousin. My cousin (who is a Baptist minister) asked me whether I had found my thoughts turning toward religious topics, and I said no. "Well, what about philosophy?" my son asked. "No," I replied, neither the philosophy I had written nor that which I had read seemed to have any particular bearing on my situation. I had no quarrel with Epicurus's argument that it is irrational to fear death, nor with Heidegger's suggestion that ontotheology originates in an attempt to evade our mortality. But neither ataraxia (freedom from disturbance) nor Sein zum Tode (being toward death) seemed in point.

"Hasn't anything you've read been of any use?" my son persisted. "Yes," I found myself blurting out, "poetry." "Which poems?" he asked. I quoted two old chestnuts that I had recently dredged up from memory and been oddly cheered by, the most quoted lines of Swinburne's "Garden of  Proserpine":

We thank with brief thanksgiving
Whatever gods may be
That no life lives for ever;
That dead men rise up never;
That even the weariest river
Winds somewhere safe to sea.
and Landor's "On His Seventy-Fifth Birthday":
Nature I loved, and next to Nature, Art;
I warmed both hands before the fire of life,
It sinks, and I am ready to depart.
I found comfort in those slow meanders and those stuttering embers. I suspect that no comparable effect could have been produced by prose. Not just imagery, but also rhyme and rhythm were needed to do the job. In lines such as these, all three conspire to produce a degree of compression, and thus of  impact, that only verse can achieve. Compared to the shaped charges contrived by versifiers, even the best prose is scattershot.

Though various bits of verse have meant a great deal to me at particular moments in my life, I have never been able to write any myself (except for scribbling sonnets during dull faculty meetings — a form of  doodling). Nor do I keep up with the work of contemporary poets. When I do read verse, it is mostly favorites from adolescence. I suspect that my ambivalent relation to poetry, in this narrower sense, is a result of Oedipal complications produced by having had a poet for a father. (See James Rorty, Children of the Sun (Macmillan, 1926).)

However that may be, I now wish that I had spent somewhat more of my life with verse. This is not because I fear having missed out on truths that are incapable of statement in prose. There are no such truths; there is nothing about death that Swinburne and Landor knew but Epicurus and Heidegger failed to grasp. Rather, it is because I would have lived more fully if I had been able to rattle off more old chestnuts — just as I would have if I had made more close friends. Cultures with richer vocabularies are more fully human — farther removed from the beasts — than those with poorer ones; individual men and women are more fully human when their memories are amply stocked with verses. 

Richard Rorty
"The Fire of Life". Originally Published in Poetry Magazine: November 18, 2007

Friday, January 18, 2013

Un poema de Angel Erro-ren poema bat

Argazki honetan ama haurra zen, begira
zein babesgabe dirudien,
orain bezala, zein beldur, ez dakiela
bizitzak nora eramanen duen,
nork besarkatuko.
Nik nahiko nuke lasaitu, esan,
ez dadila beldur (eskutik heldu),
ezagutzen dudala haren etorkizuna,
non ni ari natzaion itxaroten.

En esta foto mamá era una niña, mira
qué desamparada parece,
como ahora, qué atemorizada, sin saber
a dónde la llevará la vida,
quién va a abrazarla.
Yo quisiera tranquilizarla, decirle
que no tema (cogerle la mano),
que yo conozco su futuro,
desde donde la estoy esperando.

(Zurgai 2012)

Thursday, January 17, 2013

Brad Dean in memoriam

The last time I spoke to Bradley P. Dean we went together to Walden woods with a BBC team from London to make some recordings. It was 2004, the 150th anniversary of the publication of Thoreaus Walden. Brad died 7 years ago and today Ive translated a poem that I wrote (in Spanish) shortly afterwards. Here it goes.

THOREAU

May be you just saw
his Abraham Lincoln face
in some book of mine

lost amidst biographies
Brad was his best tracker

and this elegy
so very untraditional
his own calendar

I met him in April
in the woods and the lake

close to Walden
that sacred place
where we could hear

his laughter big and blond
asking me for a cigarette

while politics
lasted as long as the smoke
of that jet plane

like a fish in the sky
pebbled with stars

Thoreau he said
that was his field
his bean field

his passion cold as Maine
and Cape Cod beaches

he talked about moose
hunting with his father
in the wilderness

("all good things
are wild and free")

and the moon
full in August when
he goes for a walk

Brad Dean
                  Henry Thoreau
I don't know who he was

my notebook today
embraces both men
at the same time

like in those TV
reality shows

those new year parties
when everyone is
all together now

a life's narrative
packed in two hours

and so they write
October leaves
the year's evening

November
                  the sun sets
December
                  the night falls.


THOREAU

Tal vez has visto
su cara de Abraham Lincoln
en algún libro

de todos sus biógrafos
Brad fue el mejor rastreador

y esta elegía
tan poco tradicional
su calendario

le conocí un mes de abril
entre bosques y lagos

cerca de Walden
ese lugar sagrado
donde se oía

su risa grande y rubia
al pedirme un cigarro

y la política
duraba lo que el humo
de ese reactor

como un pez en el cielo
empedrado de estrellas

fue entonces cuando
me habló de Thoreau
su huerto de judías

su fría pasión por Maine
y las playas de Cape Cod

me habló de un alce
cazando con su padre
en la espesura

("todas las cosas buenas
son libres y savajes")

y de la luna
cuando llena en agosto
sale a pasear

Brad Dean o Henry Thoreau
ya no recuerdo quién

hoy mi cuaderno
acoge a los dos hombres
y los reúne

como en Quién sabe dónde
como en Cita a ciegas

o un programa
de esos de Nochevieja
todo revuelto

el curso de una vida
resumido en dos horas

y así escriben
hojas de octubre
atardecer del año

noviembre
                se oculta el sol
diciembre
                cae la noche.

Monday, January 14, 2013

Amour


The New York Review-en esan dute beldurrezko filma dela; Koult-en, berriz, adoreari buruzkoa. Biek dute arrazoi, noski: adorea beldurraren aurrean ezagutzen baita. Nik esango nuke Amour egiazko filma dela, benetakoa, bizitzaren amaiera jorratzerakoan egiatik gertuen jartzen gaituena. Honen aldean beste filma batzuek (Mar adentro edo Les invasions barbares, kasu) idealizazioak dirudite. Bi gogoeta xinple: (1) errealitatean bezala, filmean erabaki gehienak ez ditu gaixoak hartzen, bere zaintzaileak baizik; (2) gauzak horrelakoak badira baliabideak (dirua, kultura, etab.) dituztenentzat, pentsa besteoi zer gerta dakiekeen...

Sunday, January 13, 2013

January 21, 1857

As I flounder along the Corner road against the root fence, a very large flock of snow buntings alight with a wheeling flight amid the weeds rising above the snow in Potter's heater piece,—a hundred or two of them. They run restlessly amid the weeds, so that I can hardly get sight of them through my glass; then suddenly all arise and fly only two or three rods, alighting within three rods of me. (They keep up a constant twittering.) It was as if they were any instant ready for a longer flight, but their leader had not so ordered it. Suddenly away they sweep again, and I see them alight in a distant field where the weeds rise above the snow, but in a few minutes they have left that also and gone further north. Beside their rippling note, they have a vibratory twitter, and from the loiterers you hear quite a tender peep, as they fly after the vanishing flock.

What independent creatures! They go seeking their food from north to south. If New Hampshire and Maine are covered deeply with snow, they scale down to Massachusetts for their breakfasts. Not liking the grain in this field, away they dash to another distant one, attracted by the weeds rising above the snow. Who can guess in what field, by what river or mountain they breakfasted this morning. They did not seem to regard me so near, but as they went off, their wave actually broke over me as a rock. They have the pleasure of society at their feasts, a hundred dining at once, busily talking while eating, remembering what occurred at Grinnell Land. As they flew past me they presented a pretty appearance, somewhat like broad bars of white alternating with bars of black.

January 13, 1857

Jan. 13. I hear one thrumming a guitar below stairs. It reminds me of moments that I have lived. What a comment on our life is the least strain of music! It lifts me up above all the dust and mire of the universe. I soar or hover with clean skirts over the field of my life. It is ever life within life, in concentric spheres. The field wherein I toil or rust at any time is at the same time the field for such different kinds of life! The farmer's boy or hired man has an instinct which tells him as much indistinctly, and hence his dreams and his restlessness; hence, even, it is that he wants money to realize his dreams with. The identical field where I am leading my humdrum life, let but a strain of music be heard there, is seen to be the field of some unrecorded crusade or tournament the thought of which excites in us an ecstasy of joy. The way in which I am affected by this faint thrumming advertises me that there is still some health and immortality in the springs of me. What an elixir is this sound! I, who but lately came and went and lived under a dish cover, live now under the heavens. It releases me; it bursts my bonds. Almost all, perhaps all, our life is, speaking comparatively, a stereotyped despair; i. e., we never at any time realize the full grandeur of our destiny. We forever and ever and habitually underrate our fate. Talk of infidels! Why, all of the race of man, except in the rarest moments when they are lifted above themselves by an ecstasy, are infidels. With the very best disposition, what does my belief amount to? This poor, timid, unenlightened, thick-skinned creature, what can it believe? I am, of course, hopelessly ignorant and unbelieving until some divinity stirs within me. Ninety-nine one-hundredths of our lives we are mere hedgers and ditchers, but from time to time we meet with reminders of our destiny. 

We hear the kindred vibrations, music! and we put out our dormant feelers unto the limits of the universe We attain to a wisdom that passeth understanding The stable continents undulate. The hard and fixed becomes fluid. 
"Unless above himself he can Erect himself, how poor a thing is man!" 
When I hear music I fear no danger, I am invulnerable, I see no foe. I am related to the earliest times and to the latest. 

There are infinite degrees of life, from that which is next to sleep and death, to that which is forever awake and immortal. We must not confound man with man. We cannot conceive of a greater difference than between the life of one man and that of another. I am constrained to believe that the mass of men are never so lifted above themselves that their destiny is seen to be transcendently beautiful and grand.

Thursday, January 10, 2013

Sommerlügen

El cuento de Schlink tiene un final abierto pero feliz. Hay quien podría verlo como el relato de un fracaso: el profesor es incapaz de ejecutar la muerte que había imaginado para sí, de igual manera que tampoco había conseguido vivir la felicidad que había imaginado. Si no lo veo así es porque, como muchos otros, leo el cuento en clave de relación clínica, como una ilustración de la lección que en bioética llevamos repitiendo hace tiempo: la autonomía del paciente no es una independencia unilateral, sino una toma de decisiones conjunta e interdependiente.

Perdonadme hoy que me ponga pedagógico: para entender esto hay que retroceder como mínimo hasta el siglo XIX, donde la situación de un enfermo de cáncer terminal es más o menos la descrita por Tolstoi en “La muerte de Iván Illich”. En ese tiempo los pacientes apenas poseen autonomía: ni para conocer su estado de salud (autonomía informativa), ni para tomar decisiones sobre las opciones terapéuticas o paliativas (autonomía decisoria), ni para asegurarse las condiciones materiales que les permitan llevar a cabo sus planes (autonomía funcional o ejecutiva). [Esta distinción la explica estupendamente J. A. Seoane aquí.]

Con el nacimiento y desarrollo de la bioética en el s. XX tras los juicios de Núremberg, los pacientes conquistan trabajosamente el derecho a ser autónomos en esas tres dimensiones, si bien que con distinta fortuna: me parece que hoy por hoy es la decisoria la autonomía más desarrollada, y que mucho nos falta por avanzar en las otras dos. Tal vez por eso tendemos a reducir la autonomía al derecho del paciente a elegir entre determinados cursos de acción, o dicho en otros términos, a la obligación de contar con su consentimiento informado para poder emprender uno de ellos.

Derechos, obligaciones,... esta noción de autonomía está fuertemente modelada por la tradición jurídica y ha acabado por cristalizar en el Derecho sanitario de todos los países desarrollados. La autonomía no es cosa de pobres o incultos; y esto es algo que el cuento de Schlink ilustra perfectamente: estamos hablando de un catedrático de universidad con apartamento en Nueva York y residencia de verano en los Alpes. Todos los humanos tomamos decisiones, pero deliberar a fondo sobre ellas y conquistar nuevos terrenos para la autonomía no está al alcance de todos. En esa lucha estamos.

Pero avanzar en autonomía para todos no quiere decir que esta no pueda llevarse demasiado lejos, desvirtuarse en algunos casos, y esa es la lección del cuento. Somos autónomos con los otros; sin ellos, no podemos conocer las implicaciones del diagnóstico, ni adecuar las condiciones del entorno para hacer posible el plan de cuidados, ni planificar el futuro de acuerdo con el pronóstico. Eso es lo que comprendemos con el narrador al dejar atrás estas mentiras de verano (Sommerlügen, qué gran título para un Lied).

Wednesday, January 9, 2013

El cuento del último verano

Mi buen amigo José Antonio Seoane me regaló este libro, y además de recomendarlo urbi et orbi yo he hecho lo propio con Angel Erro por el amor que ambos tienen a la música de Bach, que pone banda sonora a uno de estos cuentos de Bernhard Schlink, autor de El lector (que no he leído) y El fin de semana (que sí, y que también recomiendo, aunque no me parece superior). Perdonadme el name-dropping y demás cursivas, pero dado que mis amigos ya han tenido la oportunidad de leer el libro creo que puedo permitirme un pequeño spoiler, así que voy a resumir el cuento que mayor impacto me ha causado. Se llama “El último verano”, y relata en tercera persona la historia de un catedrático alemán de filosofía analítica que acaba de jubilarse.

En ética como en literatura los detalles son lo fundamental, pero aquí prescindiré de ellos para poder llegar a donde me interesa, que es la moraleja final. Herr Professor rememora su vida y, a diferencia de Wittgenstein, declara que no es feliz, aunque “al menos contaba con todos los ingredientes que se había imaginado que debía tener”. Pero a veces, ya desde el comienzo de su carrera académica, “oía en su interior una vocecita que cuestionaba su felicidad, pero la hacía callar” (159).

El cuento se desarrolla en la casa de campo donde el profesor pasa las vacaciones con su mujer, hijos y nietos. Ellos ignoran lo que nosotros sí sabemos: el profesor está pensando en acabar con su vida “porque los meses que tenía ante sí, los últimos meses, serían horribles. Y no porque no pudiera soportar los dolores. Sólo se iría cuando los dolores se hicieran insoportables.” El profesor lo ha preparado todo para matarse después de disfrutar ese último verano con la familia y un amigo de toda la vida (a quien tampoco dirá nada sobre su decisión), pero “se preguntaba si no se trataría, una vez más, de una simple reunión de los ingredientes para ser feliz” (162).

Todo parece perfecto y las semanas van pasando felizmente y, aunque sabemos que esa felicidad esconde una desdicha, al protagonista no le importa demasiado: guarda un frasco con el cóctel facilitado por “las asociaciones de ayuda para una muerte digna” (163) y planea tomárselo cuando él lo decida, sin decir nada a nadie, de manera que cuando se descubra todo él ya no estará allí para preocuparse por eso.

El relato está contado desde dentro, desde lo que verdaderamente importa al protagonista: rememorar algunas historias del pasado, mejorar relaciones personales tras años de distanciamiento profesional, dejarse emocionar por la música. La enfermedad no le interesa mucho; sabemos que es un cáncer pero “No quería ser uno de esos enfermos que quieren saberlo todo acerca de su enfermedad, que navegan por Internet, que consultan libros y que ponen a sus médicos en apuros.” (167) Prefiere preparar el desayuno por primera vez para toda la familia, cuidar del jardín o llevar a su mujer a cenar fuera.

Ella advierte algo raro; le extraña tanta atención: “Yo no soy una máquina que puedas encender y apagar,” le dice. “Me había imaginado nuestro matrimonio de otra manera, pero parecía que no podía ser, así que me adapté a lo que había. Pero no voy a adaptarme a un cambio de humor o a un ritmo distinto de un verano que dentro de poco habrá acabado. Para eso, sigo cortando yo el seto.” (173) Por otro lado, el dolor comienza a reclamar su atención con mayor fuerza y llega un momento en el que toma las riendas: “Era peor que el peor de los dolores que había sufrido hasta entonces. Le anuló el deseo, el tacto y el pensamiento. Lo convirtió en su juguete, un juguete que no podía escapar a aquel dolor y ni siquiera podía concebir que pudiera cesar.” (176)

El plan era disfrutar del verano todo lo posible. Como dice su amigo, ¿qué otra cosa puede hacerse? (180) Pero los planes son eso, ilusiones. Su mujer encuentra el cóctel y le pide cuentas. “Quería irme sin causar problemas a nadie,” se defiende él. Ella se pilla un cabreo de órdago, pues lo que ha hecho su marido le parece una falta de respeto hacia la verdad, hacia los demás y hacia su matrimonio: “¿Es que creías que no iba a averiguar la verdad? ¿O pensabas que lo haría cuando ya estuvieras muerto y entonces ya no podría pedirte explicaciones? No me has engañado con ninguna amante, pero esta manera de engañarme no es mejor, es peor.” (186) Así que se lo explica a los hijos y se larga. Ellos se van con ella, dejando al profesor solo en casa.

A continuación vienen días y noches verdaderamente dantescos y que renuncio a resumir, son lo mejor del cuento. El caso es que tras ellos el profesor escribe la siguiente carta a su mujer (194):
Sin ti no puedo vivir. No es por la ropa limpia; la lavo, la seco y la doblo. Tampoco es por la comida; voy a la compra y cocino. Limpio la casa y riego el jardín.

Sin ti no puedo vivir porque sin ti no hay nada. Todo lo que he hecho en mi vida he podido hacerlo porque te tenía a ti. Si no te hubiera tenido, no habría logrado nada. Y desde que no te tengo conmigo, me he ido degradando hasta lo más profundo. Afortunadamente he tenido un accidente y he entrado en razón.

Siento muchísimo no haberte dicho nada sobre mi situación, haber planificado yo solo cómo poner fin a mi vida y haber querido decidir solo cuándo no podía soportar más.

Ya sabes cuál es el cofre que heredé de mi padre. Voy a meter el frasco en ese cofre y a meterlo en el frigorífico. La llave va con esta carta, de modo que sin ti no podré decidir nada. Cuando las cosas ya no sean soportables, tomaremos la decisión juntos. Te quiero.
La carta es enviada pero no puedo deciros si llegó a su destino, ni lo que ocurrió a continuación.

Mañana mi comentario.

Tuesday, January 8, 2013

3 poems by Harvey Shapiro (1924-2013)


New York Notes

1.
Caught on a side street
in heavy traffic, I said
to the cabbie, I should
have walked. He replied,
I should have been a doctor.

2.
When can I get on the 11:33
I ask the guy in the information booth
at the Atlantic Avenue Station.
When they open the doors, he says.
I am home among my people.


The Uses of Poetry


This was a day when I did nothing,
aside from reading the newspaper,
taking both breakfast and lunch by myself
in the kitchen, dozing after lunch
until the middle of the afternoon. Then
I read one poem by Zbigniew Herbert
in which he thanked God for the many beautiful
things in this world, in a voice so absurdly
truthful, the entire wrecked day was redeemed.


The Mother of Invention

On my desk are the bills from the living
and in my sleep are the bills from the dead.

“Emptiness is the mother of invention”
says my fortune cookie. July 23, 2010.
Brooklyn. I walk in the slow rain,
never less accomplished, never happier.

Why should I doubt the world has meaning
when even in myself I see mysterious purposes.

A crow drops down for a moment,
black, rabbinical garb, croaking Kaddish.

Monday, January 7, 2013

Desmontando el belén

Me gusta montarlo y más aún me gusta desmontarlo, pero ¿qué hace un belén en una casa de ateos? Puede que todo sea impermanente pero la familia vuelve por navidad, con su pareja de animales y el pastorcillo Benino (o Benito, aquí en la letra de Jabier Muguruza vía Atxaga). La de uno será una religión sin dios, pero religión al cabo, y de los mitos cristianos el del nacimiento me parece el más universal y menos sobrenatural (todos los humanos nacen; ninguno que yo sepa resucita). Suficiente milagro ya es venir a este mundo y perdurar en él un año más.

Justo el día señalado para retirarlo junto con el árbol y los adornos he recibido una felicitación navideña, y no por retraso del remitente sino despiste del destinatario. Tal vez porque ya no la esperaba, me ha hecho el doble de ilusión. Se trata de la artesanal tarjeta que, con la ayuda de sus niños (y tal vez inspirado por Tolkien, que de eso sabía un rato) tiene a bien enviar Enrique García-Máiquez, y que ya había leído en su blog. Me ha acompañado durante todo el día y lo que llevo de noche.

No me resisto a comentar el villancico y hasta llevármelo a mi terreno, porque además de hacer las delicias de los “católicos de cuna”, es también un poema religioso de pleno derecho, y por lo tanto universal. Aunque sólo sea porque la vida (o los Reyes) te lo da todo al principio para ir quitándotelo hasta el final, en la vida todos “tenemos sencillamente / que ir dando pasos atrás”, tarea nada sencilla por cierto, pero que a Enrique debe dársele bien, porque acaba de publicar un libro precisamente titulado así, Un paso atrás, cuyos reaccionarios artículos me reservo para cuando tenga más fuerzas.

La navidad es el ritual del recomienzo, algo que no está reñido con la memoria, sino que más bien la hace posible. Y esa lección psicológica, ese trabajo de limpiar recuerdos y regular emociones, es la única recompensa real que conozco. Todos esperamos que la fidelidad sea premiada, pero como ocurre con las demás virtudes tal vez la fidelidad sea su propia recompensa...

Friday, January 4, 2013

Un coro ideal para 2013

Que ayude y aconseje como amigo
a los buenos, modere a los furiosos
y dé su amor a los que tienen miedo
de fracasar. Que ensalce los manjares
de una mesa sencilla, la justicia
saludable y sus leyes, los momentos
serenos en que se abren nuestras puertas.
Que guarde todo lo que le confíen
y suplique a los dioses y les rece
para que cuide de los infelices
la Fortuna, y descuide a los soberbios


I got this from a blog entry in which the new year is saluted by Ana Gorria with the Spanish translation (by his friend Juan Antonio González Iglesias) of a passage of Horace's Ars Poetica. Here it goes again, now in A. S. Kline's version:

It should favour the good, and give friendly advice,
Guide those who are angered, encourage those fearful
Of sinning: praise the humble table’s food, sound laws
And justice, and peace with her wide-open gates:
It should hide secrets, and pray and entreat the gods
That the proud lose their luck, and the wretched regain it.


Horace is writing about the ideal chorus, but may we also be like that!

Robert Musscheren hilobia

Istorio benetakoa eta gaia interesgarria izan arren, nire ustez pertsonaien fikzionalizazioak eta anekdota metaketak sinesgarritasun falta eragin diote narrazioari. Idazlea besterik ez dut ikusi, nahiz eta tarteka hainbat deskribapen aipagarri aurkitu liburu polit honetan:

Aste osoan euria egin ondoren, ilunabar aldera atertu eta zerua zabaldu egin zen ekainak berezko duen edertasun gaztearekin. Intxaur mamiak ziruditen hodeiek laster hartuko zuten beste forma bat. 

Kirmen Uribe 
Mussche (Susa, 2012), 121. orr.