Imago lacus

The picture above was taken by a dear friend, the American poet Debra Kang Dean (please do not use it without permission). I met Debra three years before, when I went to Walden to work with his late husband Brad, a great Thoreau scholar. Once we spent hours tracking this quotation: "Some men go fishing all their lives without ever realizing it's not fish they are after." We concluded that Thoreau never wrote it, but si non è vero...

Tuesday, August 23, 2016

México salvaje


Caminando por Ciudad de México (CDMX, antes México DF) gracias a mi colega Jorge Linares he podido admirar algunos de los magníficos murales de la escuela de Rivera, Siqueiros y otros, pero también pude advertir que el arte urbano continua hoy esa tradición en esta gran ciudad. Así que en una librería de la colonia Roma compré un manual de “guerrilla artística”, una introducción al espíritu y las técnicas del arte publico independiente (street art, arte urbano) y al abrirlo en casa me encontré con una cita del mismísimo Thoreau:
It is something to be able to paint a particular picture, or to carve a statue, and so to make a few objects beautiful; but it is far more glorious to carve and paint the very atmosphere and medium through which we look, which morally we can do. To affect the quality of the day, that is the highest of arts. 
En la versión guerrillera se elimina la apostilla que declara que influir en la calidad del día es “cosa que moralmente podemos hacer”, pero el texto de Walden sigue siendo perfectamente aplicable al arte urbano:
 
Ya es algo poder pintar un cuadro particular, esculpir una estatua o, en fin, hacer bellos algunos objetos; sin embargo, es mucho más glorioso esculpir o pintar la atmósfera, el medio a través del cual nos miramos. Influir en la calidad del día: esa es la más elevada de las artes. 
Sorprende comprobar la vigencia de un texto publicado en 1854 y su relevancia para la cultura contemporánea. Ese pasaje tan central de Walden está precedido por una invitación a “volver a despertar” y “mantenernos despiertos” por una esperanza en la capacidad humana de mejorar nuestras vidas. En otro pasaje, Thoreau relata cómo se comunicaba con las personas que venían de visita pero no lo encontraban en casa: escribiendo pequeños y efímeros graffiti en las hojas caídas. Era muy consciente de la expectación causada en su entorno por su experimento en Walden, que podría considerarse una forma de performance pública; una vez más, prescindiendo de las obras de arte al uso, Thoreau nos invita a reactivar la conexión entre ética y estética, y a reapropiarnos del paisaje, ese «medio a través del cual nos miramos».


También del paisaje urbano, pues aunque la abrumadora densidad semiótica de una ciudad --especialmente si tiene las dimensiones de CDMX-- nos invite a desconectar, a mirar sin ver, el street art implica cocreación, porque se infiltra en la vida cotidiana de quien lo ve. Así, el arte público independiente se convierte en un despertador, un artefacto que nos vuelve conscientes del entorno y  alimenta la conexión con él mediante la sorpresa generada por la obra. A esa extrañeza radical Thoreau lo llamaba «lo salvaje» (the wild).


Smith, Keri. (2016) Guerrilla Art Kit, Ciudad de México, Paidós.
Imágenes: @StreetArtDF

Saturday, May 28, 2016

Cine familiar

De la editorial Litera conocíamos este otro libro, que nos ayuda en la selección del único ritual que respetamos en casa: la película de los viernes noche. Y ahora nos trae el emocionante relato real de la enfermedad y recuperación de Simone, que con pocos meses de edad sufre una infección grave y un síndrome que durante más de un año la tiene entre la vida y la muerte.

Conocí a la autora, Nuria, cuando ella estaba haciendo la tesis; ella es antropóloga y me interesa uno de sus temas, el de la construcción cultural del paisaje. Hablábamos en el laboratorio y ahora también por Facebook. No sé cómo --supongo que escribir la tesis mientras cuidaba de Ulises, el hermano mayor de Simone, fue un buen entrenamiento-- pero Nuria se las arregló para llevar un cuaderno de campo en el que documentar día a día el proceso de la enfermedad y curación de su hija, doloroso y luminoso a partes iguales. Sólo por eso ya me parece valioso que tengamos cerca a profesionales de la antropología, además de buenos profesionales sanitarios, que son los protagonistas en la sombra de este libro.

Porque tienes un hijo, una hija, y nunca estás preparado (preparada). Descubres lo que es el miedo, la necesidad de gestionar día a día la incertidumbre, y que a veces el optimismo no basta --y sin ciencia, desde luego, mucho menos--, pero uno sale de estas páginas con la sensación de que sin el optimismo de Nuria-Simone (que no excluye la flexibilidad: ya se encarga la hija de ir cancelando las ideas fijas de su madre, como se muestra con el foulard azul) no hubieran salido adelante.

Por supuesto, hace falta cuidado, que depende de redes y estructuras comunitarias que van desde el cónyuge hasta el servicio público de salud, y hace falta buena suerte, que a veces también depende del cuidado. Pero también sensatez, cariño y un coro virtual de amigas que te recuerden historias como esta. Pelis de terror que, por una vez, terminan bien. Pelis de terror que son pelis de amor.


Friday, May 13, 2016

Bilbao


Con su tristeza de herrumbre
en otoño esta ciudad se viste de llovizna
y es su techo un bosque de nubes
donde la luna muere por si acaso.
Cada noche los mendigos guardan las bolsas
que codician para sus nidos las gaviotas
y con la luz azulada de las cocinas proletarias
se abren los ojos de la gran muralla.
Desde el viejo puente
la vendedora de periódicos mira al río

como a un diccionario de voces ignoradas;
conductores de bus que hablan del boxeador muerto,
trenes que se dirían apátridas
pierden la memoria ante la fatalidad de los raíles,
nostalgia de la pertinaz música callejera
y un poco más allá los borrachos,
el amarillo chillón de los barrenderos,

otro puente y prostitutas.


Bernardo Atxaga 
Etiopia (2. arg.: Erein, 1983)

Sunday, May 1, 2016

Un poema de Antonio Varo Baena

¿Por qué hablas de la muerte
si el rutilante vino
procaz y directo
alcanza la memoria
y acrecienta el olvido?

Antonio Varo Baena
Augurio (Andrómina, 2015)

Sunday, April 3, 2016

Un haiku (o dos) al vuelo

Lo mejor de dar un libro al mundo es lo mucho que te devuelven quienes lo leen; esos son sus verdaderos royalties. Es lo que nos está pasando con el Volar de Thoreau, y aquí os traigo la última anécdota como prueba. Desde Logroño, vía su blog, Francisco Gestal nos advirtió de que había un haiku escondido en este apunte:


Ciertamente, lo tiene casi todo para serlo: las 17 sílabas en su presentación habitual (5-7-5) y la nota estacional [kigo] que pone el azulejo, que es ave de primavera. Para ser ortodoxo sólo le falta el “corte” [kireji], ese término que suele separar dos ideas o imágenes inesperadas. Pero algo de esa yuxtaposición existe entre el azul del azulejo y el azul del cielo, micro y macro haciéndose uno en ese ave única que vio y anotó Thoreau en un mes como este.

Se lo comentamos a Eduardo Jordá, el traductor, quien nos aclaró que no había sido deliberado (pero la sorpresa tampoco fue tanta, pues le gusta mucho el género, así que la casualidad estaba en cierta forma predeterminada). Pero lo mejor es que no es el único haiku detectado por Francisco. También está este otro:


El haiku del camachuelo no es tan ortodoxo, empezando con su distribución en 5-5-7, y también porque no tiene kireji. Podría ser un senryu o haiku no-estacional, a menudo humorístico; pero se acerca el haiku tradicional por mantener cierta yuxtaposición o contraste, esta vez entre el camachuelo y Emerson, que legalmente fue el dueño de los árboles y, es de suponer, de aquello que cobijasen. Cuando J. I. Foronda y yo preparamos la edición, seleccioné el pasaje porque ese sencillo y escueto “Purple finch sings on R. W. E.'s trees” es por un lado completamente factual y objetivo, pero al mismo tiempo no deja de transmitir cierta ironía muy típica del tío Henry: ¿de quién son los árboles, de Emerson o de Thoreau? Emerson los poseyó en propiedad, pero Thoreau los disfrutó en usufructo, y conservó para siempre el canto sin dueño del camachuelo que los habitó un día de abril. Esos árboles son ya para siempre suyos, es decir, nuestros.


Aprovecho para invitaros a las últimas presentaciones en la gira norte de Volar, que tendremos el sábado 9 a mediodía en la librería-kulturlab Garoa (Zabaleta 34, Donostia) y a las 16:00 en el museo Ur mara (Alkiza). Allí seguiremos descubriendo cosas que no sabíamos de este libro y de sus protagonistas.







Friday, March 25, 2016

En Walden

Como decíamos ayer, el pasado sábado Thoreau regresó a Walden, la librería-café de Pamplona, y nosotros al entrar nos quedamos embobados con el acierto y la artesanía que ha empleado Daniel Rosino para construirla, como unas horas antes admiramos la cooperación que ha hecho posible Katakrak. Y no sé cómo, pero se llenó con gente que vino a conversar sobre las aves de Thoreau.


Para ser tan autosuficientes como el tío Henry nos trajimos una pequeña pantalla, y en ella proyectamos algunos pájaros junto con fotos y detalles del mapa de Concord que está incluido en el libro. La idea era hacer un poco de psicogeografía, leyendo en los textos de Thoreau su relación con el paisaje de Concord a lo largo de los 25 años que pasó escribiendo en su diario. Pero también hablamos de lo que no aparece en los mapas: del viento, que es el protagonista invisible de la primera, tan idealista, y la última observación del libro, tan realista, cuando Thoreau describe su trayectoria tal como quedó marcada en las paredes arenosas de la vía férrea tras una tormenta otoñal.


Tras la tertulia nos quedamos con Daniel recogiendo y le pedí alguna recomendación local. Me enseñó el primer libro de un poeta navarro que no conocía, Santiago Elso Torralba, que además está dedicado a un tema muy querido: ut pictura poiesis. Me lo llevé junto con las Variaciones sobre el vaso de agua de Eloy Sánchez Robayna, y hoy copio un soneto pajarero (aquí en una versión anterior). Es muy de alabar el salto performativo entre el cuarteto y el primer terceto, “breve / instante”:


En 1869
--¿no la oyes?-- Monet pintó La Urraca.
Advierte que el autor no la destaca;
le sirve de contraste de una nieve

tan pura y noble que, esa sí, conmueve.
El ave, a la que siempre se le achaca
que dé con sus graznidos la matraca,
en esa valla se detiene un breve

instante; y en tan tosco pentagrama
ufana da la nota, pues declama
su lamento vestida de etiqueta.

Grazna, pero sin público delante.
Y un rasgo más conserva de poeta:
que roba todo lo que ve brillante.


Santiago Elso Torralba
Descripción de cuadros para Guillermo (Eunate, 2012)
Fotos: pepitas de calabaza ed.




Tuesday, March 22, 2016

Birding in Iruñea

El pasado sábado tuvimos sesión continua en Pamplona, presentando las aves de Thoreau en Katakrak por la mañana y en Walden por la tarde. Volar es un libro que pide aire, y se lo estamos dando con muchas ganas; es un privilegio aprovechar la ocasión para conocer a la gente pajarera de aquí y allá.


Pongo aquí las seis aves a las que aludimos en la presentación de Katakrak; todas corresponden a pasajes memorables del libro. Gracias a Hedoi Etxarte, tenemos la presentación grabada en audio. Pongo al pie un fragmento de lo que leímos.


Lo que llamamos salvajismo no es más que una civilización distinta de la nuestra. El busardo evita encontrarse con el granjero, pero en cambio busca el acogedor refugio amistoso del pino. Y del mismo modo que nunca se dignará arrastrarse por un corral, siempre le gustará planear sobre las nubes. (16 de febrero de 1859)


El canto de estos pájaros era tan continuado que al final solo te dabas cuenta cuando dejaban de cantar. (10 de julio de 1858)


Oigo cantar alegremente a un zorzal robín desde una rama del bosque, bajo la lluvia, en un paisaje que ahora se ha vuelto desolado y agreste. Su canto forma un contraste extraordinario que resarce de la tormenta. Es como si la naturaleza dijera: «Tened fe, yo sé hacer estas dos cosas». (21 de abril de 1852)


Cuando vuela entre el follaje verde parece que fuera a incendiar las hojas. [...] me siento transportado, ya que este no es el bosque por donde suelo caminar cada día. El pájaro logró que Concord se hundiera en el recuerdo. (20-23 de mayo de 1853)


Oigo el chillido del añapero y el canto de un chotacabras. [...] Al volver a casa a través de las tierras de Hayden huelo el humo que arde en el prado. Me gusta ese olor. Es el humo de mi pipa. Me estoy fumando la tierra. (14 de agosto de 1854)


Los lugareños han salido al exterior, y todos los que tienen que trabajar en el campo están contentos. Voy por Sleepy Hollow hacia Great Fields. Me apoyo en una valla y escucho el aire, que parece líquido con los gorjeos de los azulejos.  (15 de marzo de 1852)

Y aquí una foto de otros dos pájaros a las orillas de Walden (la librería), cortesía de Víctor de Pepitas. Pero esa merece entrada aparte.